Oropeza y la narcopolítica

No se puede tapar el sol con un dedo: el Perú es un narcoestado. Nos alegramos de que en la cultura popular Colombia o México sean los países tristemente vinculados al mundo de las drogas, sin embargo, nosotros ostentamos el desagradable primer lugar como productores de cocaína a nivel global. Ahora, bien, ello implica que el narcotráfico ha penetrado las estructuras sociales, económicas y políticas del país.

En ese contexto, el caso de Gerald Oropeza, joven acusado de narcotráfico al más alto nivel, destaca por las relaciones que éste y su familia habrían construido con algunos elementos del Partido Aprista. A saber, Gerald Oropeza, militante aprista –hoy expulsado— y joven heredero de una millonaria empresa de limpieza tras la misteriosa muerte de su padre –quien en vida llegó a ser dirigente del Partido Aprista— ostentaba y vivía una vida de excesos. Vale recalcar que el padre de Oropeza fue tan relevante como militante que el presidente del partido y ex presidente Alan García estuvo en su velorio. Además, la madre de Oropeza –y viuda del dirigente— fue también candidata al congreso con el APRA en el 2011, y con un número nada despreciable: el 17. ¿Cuánto dinero invirtió la candidata Oropeza en su campaña? No lo sabemos.

Cabe precisar también que para hacerse de la empresa familiar, a nombre de su padre, contó con la colaboración de Facundo Chinguel, abogado vinculado a las conmutaciones e indultos otorgados a narcotraficantes en el gobierno aprista. Asimismo, Chinguel habría adquirido acciones de dicha empresa a un precio irrisorio como “parte de pago”.

Como indiqué líneas arriba, Oropeza llevaba una vida de excesos. En efecto, parte de esos excesos tuvieron lugar en una propiedad en poder del Estado que, según investigaciones recientes, pudo pasar a ser ocupada por Oropeza por haber recibido “garantías posesorias” de parte de un, seguramente ya adivinó, militante aprista. Este militante aprista, asimismo, ha ocupado cargos como dirigente y ha sido candidato a regidor metropolitano.

Entonces, hoy la alta dirigencia del Partido Aprista asevera que estos son casos aislados. Digamos que es cierto, y que no es razón de condena para toda una institución que unos cuantos hayan sido vinculados al narcotráfico. Sin embargo, como dice el refrán, “la mujer del César no solo tiene que serlo, sino parecerlo”. En un año que ya es electoral, el a todas luces candidato aprista deberá poner especial atención y énfasis en explicar hasta qué punto la mafia estaría enquistada en su partido y hasta dónde se habría metido para influir en la conmutación de penas a narcotraficantes y tentar cargos de elección pública.

Frente a esto no se acepta como respuesta un “hay otros partidos con más narcos”, equivalente al “nosotros matamos menos” del fujimorista Jorge Trelles. El mal de muchos no puede ser consuelo para quienes aspiran a tomar el poder; y esperamos que, por el bien común, el APRA responda con claridad sobre este tema tan ácido como complejo. Definitivamente lo ocurrido exterioriza un escenario sombrío que, si bien no es exclusivo del APRA, confirma la degradación social, política y económica que se vive en el Perú y el nivel de infiltración del narcotráfico en instituciones relevantes para el país. 




Viernes 17 de Abril de 2015

Como dúplica a la réplica hecha por el relacionista comunitario Luis Zaldívar, a quien critiqué por tergiversar información para defender...

Jueves 30 de Abril de 2015

El nombre del histórico álbum de Guns N’ Roses define con lamentable precisión la manía del alcalde de Lima por...