Un país adolescente y en riesgo de desastre (natural)

Vivimos en un país adolescente que está pasando por varias crisis de crecimiento. Tales crisis de crecimiento se evidencian también en la vocación suicida por entablar reformas que pecan por su poca profundidad y sus limitaciones para conducir el país hacia el siglo XXI. Tal es el caso de la Reforma del Sistema Nacional de Gestión del Riesgo de Desastre, iniciada en el gobierno aprista en el 2007, tras el desastre ocurrido por el terremoto de Pisco.

A través de la Ley 29664, se planteó cambiar el Sistema Nacional de Defensa Civil –orientado esencialmente a acciones de prevención y atención frente a desastres— a uno que contemplara siete pasos fundamentales en la gestión del riesgo, a saber: la estimación, prevención, reducción, preparación, atención respuesta, rehabilitación y reconstrucción tras los desastres naturales. En el papel, la reforma era justa y necesaria pues orientaría al país hacia un sistema que priorizara la prevención por encima de la reacción, la cual siempre viene acompañada de improvisación, miseria y posiblemente funcionarios inescrupulosos lucrando con la desgracia de la población.

Desafortunadamente, tal Sistema nació con serias deficiencias, las cuales no han permitido una adecuada coordinación y orientación inter-sectorial entre los entes a cargo de los procesos mencionados, que son el Centro Nacional de Prevención del Riesgo de Desastre (CENEPRED) y el Instituto Nacional de Defensa Civil (INDECI).

Es lamentable, a raíz de la tragedia acaecida en el distrito de Chosica y zonas aledañas, la ciudadanía sea víctima de la sempiterna ineficiencia que se produce a raíz de la conducta adolescente de quienes lo gobiernan. En efecto, el desastre de Pisco debió llevar a una reforma sustancial en el SINAGERD, no obstante, el gobierno aprista poco o nada hizo para implementar una reforma que pasara de bautizar una nueva oficina. Es preocupante, también, ser testigos de que, a pesar de tales deficiencias, apristas de todas las edades sueñen con un tercer gobierno alanista.

No señor, ya tuvimos suficiente. Es momento de que el Perú deje esta adolescencia, que tanto tiempo, dinero y vidas ha costado, y que parece proceder de la mentalidad adolescente de quienes lo han gobernado. Por lo tanto, ello pasa por no volver a elegir a los mismos que ya mucho tiempo tuvieron para equivocarse y propiciar con su negligencia la cotidianeidad de la tragedia en el Perú.




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