¿El fin justifica los medios?

Con una semana llena de noticias o "cortinas de humo" (para los piro maníacos de la opinión), el caso de la periodista Milagros Leiva y sus métodos para “buscar” la verdad o una primicia, nos llevan a recordar que existen principios éticos (deontológicos) que promueven la mayoría de empresas que responden por los medios de comunicación, aquí y en la China.

 

Dixit Wikipedia: “Más concretamente, podría decirse que un código deontológico es un conjunto de normas específicas de la profesión que regulan la conciencia profesional de un informador. Están basadas en dos principios básicos: la responsabilidad social y la veracidad informativa. Además, exigen del profesional un continuo reciclaje y auto perfeccionamiento profesional”.

 

Hasta allí todo bonito. Se supone que ella lo conoce o al menos tiene nociones como cualquiera de los que ejercemos la profesión, en principio por sentido común y luego por obligación. Entonces, según la célebre frase atribuida a Nicolás Maquiavelo, ¿el fin justifica los medios?, ¿dónde quedan estos preceptos éticos que garantizan la práctica periodística? ¿el pragmatismo exige dejarlos de lado?

 

La española Sara Calleja al recordar el trabajo del periodista alemán Günter Wallraff, que por más de 30 años ha actuado denunciando la corrupción, la explotación y las injusticias sociales cometidas por el capitalismo de su país, hace énfasis en los controversiales métodos de este (“como la falsa identidad o la suplantación”) para lograr su objetivo: “con su trabajo ha conseguido cambiar algunas leyes laborales y que mejoren las condiciones de trabajo de los obreros de algunas fábricas”.

 

Así, tras reflexionar y evaluar los resultados de Wallraff, Calleja se hace, a mi criterio, una válida pregunta: “¿se hubieran logrado los fines de denuncia y crítica social siguiendo los principios éticos de la deontología periodística?”. La eventual respuesta parece darle valides al principio maquiavélico.

 

 Dicho esto y amén de otras cualidades profesionales que pueda o no tener Leiva, se le puede condenar al ostracismo periodístico por haber ido en búsqueda de la noticia, no hay tras de ese rasgado de vestiduras gremial una estela de hipocresía colectiva, y si es así entonces también condenemos la reserva de las fuentes, porque muchas de esas tienen un origen vedado.

 




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