"Ojo por ojo": Medida desesperada

 

 

 

 

Mientras el presidente Ollanta Humala asegura que su gobierno a realizado la inversión más grande de la historia a favor de la Policía Nacional y el Ministro de Justicia anuncia la aprobación de 11 decretos legislativos para fortalecer la lucha contra la inseguridad ciudadana al amparo de las facultades otorgadas por el Congreso, casi de manera coincidente, frases como “ratero, si te agarramos no vas a ir a la comisaría te vamos a linchar”, o “aquí se colgarán a los delincuentes, fumones y violadores. Los quemaremos vivos”, se están volviendo recurrentes entre un mayor número de pobladores en todo el país, cansados de que la delincuencia siga ganado terreno ante la poca o nula efectividad de las autoridades para frenarla.

 

A pesar de ser conscientes de que este tipo de decisiones, de llegar a concretarse, están al margen de la ley y son penadas con cárcel efectiva, los vecinos de una conocida calle en Huancayo (Junín), los del cerro El Pino en La Victoria o los de Los Cedros de Villa en Chorrillos, están dispuestos a correr el riesgo en defensa de su seguridad. Lamentablemente las consecuencias de aplicar el “ojo por ojo” pueden desencadenar una espiral de violencia mayor aun. Así las cosas, la cura resulta peor que la enfermedad.

 

Pero si bien es cierto que todavía estamos lejos de los terribles índices delictivos de algunos países centro-americanos, donde las conocidas “Maras” imponen la violencia, la sensación de inseguridad es creciente. Por ejemplo si antes se creía que los asaltos a vehículos de transporte ocurrían solo en las carreteras nacionales, ahora viajar por vías urbanas implica un peligro similar. Y por si fuera poco los eventos festivos en locales públicos también se encuentran en la mira de la delincuencia como recientemente ocurrió en San Juan de Miraflores donde decenas de invitados a una celebración matrimonial fueron violentamente despojados de celulares, dinero, joyas y los miembros de la orquesta de sus instrumentos musicales.

 

Con todos estos hechos materiales, no se justifica, pero se entiende que núcleos poblacionales pretendan asumir la justicia en sus manos. En ese sentido, al tiempo que las personas deben implementar mas protocolos particulares de seguridad para prevenir convertirse en otra víctima que sume a la estadística delincuencial, es urgente que las autoridades tomen conciencia real, sin tanto discurso inútil para los titulares, como el del Presidente con su histórica inversión, y apliquen en la práctica no solo medidas sancionadoras si no preventivas, como una mayor inversión en el campo educativo y deportivo, ya que alrededor del 70 por ciento de delincuentes pertenecen al sector juvenil. Luego nos preguntamos si se trata de ¿futuros ciudadanos o futuros delincuentes?

 

 

 




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