Bendito biberón estatal.

Personalmente, no estoy de acuerdo en el financiamiento estatal a los partidos. Dinero regalado, trae problemas en la repartición e inseguridad en la distribución sana y democrática. Tampoco estoy de acuerdo con los politiqueros mercantilistas que utilizan dinero negro para financiar campañas clientelistas completamente asimétricas, lleno de prebendas, que tuercen la voluntad de un pueblo necesitado, a cambio de un rosario de votos que en el futuro, pernoctarán en la queja y el repudio popular. Ciertamente, los bandidos metamorfoseados en políticos, jamás tuvieron la capacidad pedagógica de poder convencer y persuadir con verbo, gracia o doctrina y sólo lo logran, repartiendo generosamente pisco trucho y butifarra barata, prostituyendo aún más la desprestigiada política nacional con recursos inescrupulosos.

Lamentablemente, muchos partidos en la contemporaneidad se han convertido en agencias de empleos, en cuevas de ladrones y en soporte ideológico de oportunistas desempleados. Para pertenecer y afiliarse a un partido, hoy por hoy, hay que pensarlo mil veces. La mixtura entre intelectualidad y chusma se traduce en la democracia interna poco representativa de un militante, un voto. Por eso, podemos afirmar, que el sufragio de un profesional ilustrado y brillante es igual, injustamente, al de un militante vago e inculto. Incluso, algunos zánganos se refugian dentro de los partidos, mendigando monedas con la ilusa legitimidad de ostentar el título de “militante del partido” como si dicha jerarquía, fuese justificación para ciertos despropósitos. Otros militantes, más estudiados pero muy corruptos, usan la agrupación y llegan al poder para saquear con mayor rapacidad y más inteligencia. Los Comités de Ética partidaria estatutariamente, que deberían tutelar el prestigio institucional en realidad, no existen o ya están contaminados. El filtro ético institucional está irreparablemente dañado. Por eso, colectivos de haraganes militantes, comprados con dos monedas pueden llevar al poder en democracia interna a un forajido de marca mayor, con la anuencia de los organismos electorales, y nadie se entera. Después en el gobierno sufrimos las consecuencias. Ejemplos patéticos: Los ex-presidentes convictos.

A pesar de la pictografía partidaria ya señalada, la financiación estatal se convierte en un suculento y apetecible manjar, afianzado en las angurrias humanas, y la codicia natural de gestionar esos recursos a destajo. Por ello, algunos dirigentes partidarios conocedores de esta supra-bendición gubernamental, muy aferrados al cargo, se enfrascan en lucha fratricida interna para obtener el control del cascarón y convertirse en los únicos receptores del preciado donativo celestial. La guerra es mortal, inacabable y de larga data. En buen romance, casi todos los grupos, están fragmentados, no necesariamente por el debate o la discrepancia doctrinaria sino por lograr la detentación del mando dirigencial para la obtención del deseado biberón estatal. Será acaso, la ambición y el deseo de administrar el futuro regalito gubernamental, la real intención del terrible pleito institucional visto en los partidos políticos peruanos?

Creemos que, este generoso obsequio puede contribuir, desde el Estado, tal vez sin querer, a la implosión, destrucción o escisión de muchas organizaciones políticas debido a la apetencia desenfrenada de muchos operadores, enquistados en una seudo democracia interna. Ni imaginarnos, cuando lleguen al poder. El informal sistema actual de partidos en el Perú, está caduco. Algo tenemos que hacer. Estamos advertidos.

 

 




Martes 11 de Julio de 2017

 

Proteo, en la antigua Grecia era la divinidad mitológica de la metamorfosis, el dios variopinto de opiniones y afectos, que...