El principio patrimonial del poder

La sucesión hereditaria genealógica política catapultando el apellido como norma consuetudinaria no es nueva en la historia contemporánea y antigua de las naciones. En las dinastías políticas se subvierte la alternancia de la militancia plebeya ávida de conquista de poder, por el entronizamiento cuasi divino, mesiánico o caudillesco de algún representante consanguíneo de una familia poderosa que detentó el poder con éxito, en cualquiera de sus formas monárquicas o republicanas. Es tal el amor al ego y al apellido que no existe posibilidad de recambio en el linaje. En la Roma Imperial, por ejemplo, la Dinastía Julia Claudia incluyó sin murmuración a cinco emperadores, Augusto, Tiberio, y Calígula, Claudio y Nerón. Todos ellos se sentían predestinados y exudaban divinidad por los poros. La consanguinidad es siempre el medio soterrado de perennizar el poder del apellido bajo pretextos de irremplazabilidad. Ejemplos ilustres en América: Duvalier, Castro, Kirchner, Pastrana, Torrijos etc. La ilustre y prolífica dinastía Batlle, impuso cuatro presidentes en el Uruguay.

Los Kennedy nacieron dinásticos por el sueño y la notable influencia ejercida por el patriarca, pero con una preparación política excepcional y bajo reglas democráticas claras. Ciertamente la popularidad del apellido se acrecentó como mito y leyenda a la muerte de JFK. Donald Trump acaba de aplastar políticamente a la dinastía Bush, que al interior del establishment republicano, era muy poderosa, desarticulando fácticamente la estructura de su antiguo poder. El Almirante Desgaste, en alianza con la situación económica y la fuerte recesión americana generada después de la guerra contra Irak, contribuyeron que el excéntrico y xenófobo millonario neoyorkino de modales groseros que hubieran hecho enfurecer a Erasmo de Rotterdam, se establezca como el candidato sorpresa en las primarias republicanas y diluya todo resquicio hereditario de Jeb. Los Clinton trascienden su ADN político con una estrecha victoria demócrata muy opaca por cierto.

Incuestionablemente, el síndrome de perpetuidad política estuvo inoculado en la sangre japonesa. Hirohito, mixtura de sumo sacerdote y gobernante divino, fue un ejemplo de ello hasta que la bomba atómica norteamericana “Little Boy”, el 6 de Agosto de 1945, desdivinizó de un solo porrazo al Emperador y le quitó las ganas de ser el soberano dios descendiente directo de Amaterasu, la diosa Sol. En el Perú, Keiko Sofia Fujimori, obtiene la primogenitura patrilineal y se convierte sin oposición alguna en heredera dinástica de su padre con un trabajo político de bases bien estructurado orgánicamente a nivel nacional y con la ideología asistencialista populista de su líder fundador. La fiereza argumentativa y congresal de la súbdita Martha Chávez se derritió rápidamente como cera al sol, por la contundencia vertical del apellido que no admite insurrecciones internas para prevalecer, y por ello, abdicó rápidamente de una inicial aspiración de reemplazo en el liderazgo interno. La disciplina en el proselitismo fujimorista, ha sido tan apabullante que desplazó y reemplazó al APRA de su privilegiada posición de ser el partido más organizado del país y el tan mentado “Sólido Norte” cambia de espacio y se torna en bastión de la vitamina K. Por tanto, Kenji Gerardo, se constituiría en la potencial carta del fujimorismo, para convertirse en la alternancia de su hermana, de cara al 2021 esperando la bendición y el ungimiento de su padre. Inesperado litigio entre dos tendencias de la misma alcurnia. Las dos últimas postulaciones congresales de Kenji en función estrictamente al número de votos, son avasalladoras y de crecimiento exponencial, dignas de análisis profundo y revolcando en su tumba a Sigmund Freud, generando gran envidia electoral en parlamentarios y líderes de muchas tiendas políticas.

En consecuencia, analizando sociológicamente la pregunta de rigor sería cómo un mozalbete sin discurso programático, ni fluidez retórica ni verbal, de escasos pergaminos académicos, amante de los perros y asiduo concurrente de programas de televisión de farándula, se convierta en una real opción de sucesión política nacional dentro del fujimorismo para el 2021? Sabemos que no siempre los intentos de perpetuar los apellidos tienen éxito. Gadafi en Libia, pretendió dejar en herencia el poder a su hijo mayor y las consecuencias fueron funestas, pero en el país de las maravillas todo puede suceder.

Atenea, la diosa griega de la Razón, debe estar jalándose los pelos en el Olimpo, con esta naranja posibilidad bicentenaria.




Lunes 16 de Mayo de 2016

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