EL SUPER-ABOGADO ESTATAL.

 

Parece recogido de la ficción pero es la realidad inminente. Al ritmo de la aceleración mundial en las tecnologías informáticas y paralelamente, a la incesante y progresiva degradación de los valores del ser humano en corrupción y latrocinios estructurados que se traducen en normativas cada vez más podridas para favorecer dichos sistemas, podemos avizorar en el futuro que los puestos laborales relacionados con la abogacía, la ingeniería, la medicina y similares serán ocupados por robots, que garantizarán más eficiencia, rentabilidad, y productividad en los servicios.

Ross, el superabogado norteamericano creado por IBM, con inigualable currículum, se convierte en el primer robot artificial liderando un staff de juristas realizando funciones jurídicas como absolución de consultas, búsqueda de jurisprudencia, emisión de informes, formulación de recomendaciones con variables, hipótesis, y soluciones de problemas y con un expertise en legislación internacional con todas las especializaciones del derecho, amén de poder hablar en 30 idiomas con jerga incluida.

Lo magnífico de esto es que Ross, es un abogado amable, no solicita adelantos de sueldo, no coimea, no discrimina, no se duerme en horario de trabajo, hace horas extra sin molestarse y su consumo de energía es menor que la del uso trivial de una computadora.

Permítanme un sueño profético: Si insertamos a Ross (debidamente nacionalizado) en las estratégicas áreas de los ministerios dentro del aparato estatal, y lo empoderamos jerárquica y tecnológicamente para que se encargue de realizar licitaciones, contrataciones y adquisiciones del Estado, con un solo responsable político –El Presidente de la República- quebramos la corrupción en el país y mandamos a volar a los ladronazos enquistados en la burocracia nacional. En los gobiernos regionales y alcaldías, algo similar.

Este prototipo de inteligencia artificial al servicio del pueblo contribuiría a reducir costos millonarios. El historiador Alfonso Quiroz dijo alguna vez que si no hubiera corrupción, en 20 años, el país sale de la pobreza, listo para el desarrollo. Y tenía razón.

Lo que sí es garantizado es que el gringo Ross, nunca estará en la pestilencial galería de presidentes rateros acusados de cohecho, sobornos, enriquecimiento ilícito, ni solicitando cobardemente que sus agendas sean invalidadas.

Lo único que debemos de prevenir es que algún choro tecnológico infiltrado dentro del Estado lo desprograme, trate de “aceitarlo” y pervertir su eficiente y futura contribución a la profilaxis política de nuestra Nación.




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