Las travesuras de la niña mala

Cuenta la historia que Cleopatra VII, la última reina del antiguo Egipto era una mujer muy inteligente e instruida en el campo de las artes, lenguas y ciencias políticas, capaz de cautivar con su belleza los conceptos más altos del poder. De fuerte personalidad, utilizó estrategias para conquistar a dos de los más poderosos hombres de Roma, Julio César y Marco Antonio, haciendo alianzas amorosas y militares inverosímiles, con tal de afianzar, consolidar, acrecentar su dominio y supremacía gubernamental y unificar geopolíticamente el Mediterráneo en torno suyo. El poderoso Julio César sucumbió a los encantos de Cleopatra y se convirtió en un hombre pasivo, débil de carácter, cediendo a sus pretensiones y órdenes. Peligrosa ecuación: amor-política. César puso en peligro a Roma entrando a una guerra en Egipto contra Pompeyo en un arrebato de locura, por la mujer que perturbó sus emociones, voluntad y hasta su inteligencia. Posteriormente, Marco Antonio vengador de los asesinos del César y nuevo hombre fuerte de la república se convirtió en el segundo bobo de Roma por el amor de la encantadora de serpientes egipcia. El historiador Plutarco, dice de Marco Antonio: "…no estaba en posesión de sus facultades, parecía estar bajo los efectos de una droga o brujería. Estaba siempre pensando en ella, en vez de pensar en vencer a sus enemigos". 

Nótese que ella utilizó encantos diversos para luego ejercer influencia notable en la acción y pensamiento políticos, sobrepasando, sometiendo y avasallando la voluntad del gobernante, sin ningún obstáculo ético, moral o normativo. En el marco de la teoría política de Maquiavelo el poder sobre el trono prevalece astuta e inteligentemente, lo amoral es permitido, y el operador de turno con artes y cualidades políticas de manipulación y estrategia lo logra, seduciendo y conquistando psicológicamente la voluntad del jerarca, constituyéndose en pieza indispensable, insustituible, e inamovible, capaz de maniobrar y tener a sus pies al gobernante pelele, ya sea monárquico o demócrata, sin carácter, personalidad, ni temple, ni firmeza, siendo sometido a voluntad. No es poco decir.

Evidentemente para lograr su cometido, prefieren usar marionetas políticas en torno al poder constituido, y lo someten llegando a tener el comando absoluto de la toma de decisiones políticas transversales. Indiscutiblemente prevalecen, determinan, establecen, ordenan y no aceptan insubordinaciones de ninguna clase. Es natural. Sin duda, el poder de manipular, indistintamente del género puede ser ejercido sin distingo alguno, ni diferencia de sangre, cultura o nacionalidad. Montesinos, en Perú, Tayllerand, Fouché, y Robespierre en Francia, y Rasputín en la Rusia zarista, son ejemplos de eminencias grises con poder, que actuaron detrás de escena con funestas consecuencias. En realidad, no intentamos realizar ninguna pretensión comparativa con el perfil político histórico mencionado. Sería absurdo hacerlo. La idea central es contextualizar y demostrar con hechos los efectos y las consecuencias que una consorte astuta, calculadora y racional, empoderada únicamente por la filiación, pueda ejercer preeminencia sobre un gobernante débil y timorato y la repercusión de tales hechos en el quehacer político y moral de cada nación.

Pero ciertamente, la mención aquí es a la supercónyuge que gobernó el país de las maravillas en el último quinquenio. Nadine Heredia acumuló para sí, todos los mega poderes ejecutivos sin elección, puesto, ni cargo alguno, debido a la anuencia complaciente de su esposo. Demostró su poder político omnímodo en todo lugar. Daba luz verde a ministros, colocaba embajadores sin carrera, imponía presidentes del congreso, retiró sin explicaciones al candidato presidencial Urresti, y dominó el escenario nacional por casi cinco años a su antojo. Le encantaba colarse en cuanta reunión oficial, nacional o internacional había, ante el asombro de dignatarios. El oficialismo y el gobierno ciertamente, a sus pies. Asumió indiscutiblemente los poderes del nacionalismo, esa ideología experimental que no es más que una sopa de velasquismo, etnocacerismo, marxismo, y chavismo, aderezado por dinero internacional no sustentado. Un consomé, sin ningún valor vitamínico. El condimento picante que se le viene son los casos judiciales Odebrecht y Lavajato.

Lamentablemente, ella se ensoberbeció tanto con ese extraño virus de orgullo, vanidad, y arrogancia que infecta a los grandes inquilinos del poder a través de la historia y los conduce al más grande de los olvidos y a la intrascendencia nacional. Nadine Heredia es tía en quinto grado de consanguinidad con Ollanta. Existirá algún gen dominante en su ADN que influenció para hacer de su esposo el primer títere de la Nación? La "niña mala" en el universo Vargasllosiano se reseña conceptualmente en supremacía y predominio, donde el hombre protagónico está sometido totalmente a la voluntad de una mujer. Rara coincidencia. Independientemente de la narrativa, la jefa del nacionalismo tendrá que responder políticamente por el caso de sus agendas, el supuesto lavado de activos, los ingresos de petrodólares venezolanos, los aportes de origen desconocido recibidos en las elecciones del 2006 y 2011, defraudación tributaria y fiscal y otras perlas más, que ciertamente no son las travesuras de la niña de la novela en cuestión. Se tendrá que defender sin inmunidad, con un partido muerto y sin ningún congresista que la respalde. Tiempos complicados para ella. El muy probable gobierno de Fuerza Popular y Keiko Fujimori, podría dejarla en situación jurídica más cerca a la guillotina política como María Antonieta de Francia en La Bastilla. Verdaderamente como lo dijo la pareja en el 2011, "Honestidad para hacer la diferencia".




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