Los retos del nuevo presidente

En los comicios norteamericanos de 1960, John F. Kennedy ganó ajustadamente con el 49,7% de los votos, contra el 49,6% de Richard Nixon. Apenas 113.000 votos. Pero la diferencia esencial fue la carismática presentación televisiva de JFK que le favoreció grandemente. En el país de las maravillas, el humo blanco de la ONPE dio a conocer al nuevo presidente electo en una de las elecciones más apretadas de la historia de la República. PPK unificó en segunda vuelta a ricos y pobres, izquierdistas y pepecistas, apristas y sutepistas, cegetepistas y humalistas, colectivos, sindicatos y pulpines con un proyecto contrario al pensamiento de muchos de ellos. En un Perú geopolíticamente tan disímil, eso es elogiable.

PPK definitivamente será mucho mejor presidente que el actual inquilino precario de Palacio, un aventurero iniciado ritual y políticamente por la insurgencia de Antauro, apalancado con hoja de ruta vargasllosiana, gobernado por su mujer, y pusilánime gobernante derechizado que acaba de condecorar sin justificación alguna a todos sus ministros con la Orden El Sol del Perú. Ridiculez extrema de un nacionalismo fenecido para siempre. Felizmente ya se va, y en los libros de historia contemporánea sin duda, aparecerá opacamente su nombre en sólo dos líneas. La sola presencia de PPK otorga nuevos bríos a un país desalentado y genera expectativas de que su gobierno mejorará sustancialmente los estándares económicos de los últimos años en términos de crecimiento, además de apostar por una mayor inversión en infraestructura nacional. PPK, un economista de gran trayectoria educado en Oxford y en Princeton podrá convocar un gobierno de ancha base con los mejores técnicos y profesionales independientes incluso de otros partidos. Como esgrimista  tendrá que enfrentar de inmediato varios frentes: La mega oposición fujimorista, la izquierda veronikense pro-2021 que pretenderá torpedear todas sus políticas económicas, el terrorismo urbano y la grave corrupción estatal. Su propuesta de fusión por absorción de varios ministerios es una brillante idea que generará fuerte ahorro al Estado y por ende, menor impuesto ciudadano y menor gasto público, que alentará  la inversión privada y el desarrollo social. Si la economía empieza a mejorar, cambia el panorama político.

Preguntas al aire: El indulto presidencial a favor de Alberto Fujimori, podría coadyuvar esfuerzos para atraer al férreo fujimorismo para la gobernabilidad congresal? Podría ser ello un somnífero para adormecer la furia keikista por la derrota electoral y aletargar a los radicales parlamentarios naranjas para que colaboren societariamente con PPK para las grandes reformas políticas en el Parlamento? No lo sabemos, pero con gran madurez política el destacamento K debería proponer una agenda mínima de gobernabilidad, y cohabitación, dejando de lado la tirria opositora, y las pasiones preelectorales mirando una agenda país. Sabemos que la monarquía fujimorista post elección, sufre una nerviosa pugna dinástica interna debido a la segunda derrota electoral de Keiko y los apetitos presidenciales del hermano. Habíamos hablado de que la sangre japonesa plaquetariamente es imperial y evidencia en sus glóbulos rojos una suerte de absolutismo en el poder. La apellidolatría es tan fuerte que no existe posibilidad de mudanza en el linaje sacerdotal-político. El apellido trasciende los tiempos con cualquier integrante de la estirpe, sin importar las formas ni los colores.

Cualquier plebeyo que quiera adherirse a Fuerza Popular sabe perfectamente que jamás podrá intentar la presidencia de la República así se vista de kimono, ya que en esa tienda las herejías no son permitidas. Pero históricamente sabemos que la política es el arte de lo posible. Que nadie nos engañe que no se puede gobernar bien sin mayoría congresal. En el 2001, Alejandro Toledo llegó al poder. Obtuvo 41 escaños en el Congreso, siendo mayoría simple y gobernó relativamente bien. En el 2006, UPP obtuvo mayoría con 45 escaños. El partido de gobierno fue el APRA, con sólo 36 representantes parlamentarios. Y Alan García gobernó sin problemas. PPK como eximio flautista tendrá que tocar la más armoniosa de sus melodías políticas y demostrar  ser el líder que enfrente los graves problemas nacionales y hacer un gran gobierno a pesar de que muchos quieren ver su caída para brincar hacia el trampolín bicentenario. Existe la ventaja comparativa que Kenji Fujimori como congresista opositor es peso pluma y su liderazgo parlamentario será puesto en tela de juicio. Pero la apuesta roja es que fracase la derecha para convertirse en opción. La alternativa naranja rumbo al 2021, inmodificable, se bifurca con Keiko o con Kenji, por el entronizamiento celestial de la candidatura con la bendición sacerdotal del samurái preso. Sushi Popular de dos sabores, para todos los gustos.




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