Mujeres de Influencia IV

El trovador y periodista Rubén Darío recitaba solemnemente en su Opus magna: “Juventud, divino tesoro, ¡te vas para no volver! Cuando quiero llorar, no lloro…y a veces lloro sin querer”. Ese recuerdo poético del bardo nicaragüense, imponiendo gran fuerza interpretativa nos hace recordar a una dama política de estirpe y de grandeza continental, a una mujer de fuego y luchadora social que lo dio todo por gente que luchaba por salir del pozo profundo de la pobreza. Heroína de las necesidades fundamentales, empática y comprometida, interlocutora vital y voz autorizada de las urgencias de su gente, servidora fiel de un villorrio pujante, cooperativo y autogestionario como Villa El Salvador. Oradora de verbo flamígero, lideresa del clamor popular y de gravitante influencia supra-local. María Elena Moyano: la “Madre coraje”, activa defensora de la mujer, se constituye trascendente y victoriosa en la galería de mujeres eternas, como la inmensa expresión de la justicia reivindicativa hacia los pobres y los derechos humanos. Su muerte causó derramamiento de mares de lágrimas y de congoja internacional. Perdimos una futura presidente, pero ganamos una protagonista y referente moral. La revolución social que pretendía hacer, era de paz. En una célebre disertación dijo lo siguiente: “… la revolución no es muerte ni imposición, ni sometimiento, ni fanatismo…”. Y es totalmente cierto. Las grandes revoluciones ciudadanas no se inician con balas ni fusiles, no oprimen al pueblo, no lo saquean, ni lo esquilman. Las transformaciones parten del pueblo y van a favor de él. “La muerte es una quimera -decía el filósofo Epicuro- porque mientras yo existo, no existe la muerte; y cuando existe la muerte, ya no existo yo”. Pero en homenaje a ella, intentando algo de poesía, de un poeta inexistente, recitamos así: “Hay muertes muy dignas, que muchas vidas para el olvido”.




Viernes 29 de Setiembre de 2017

,Alberto Bajak

Mujeres de honor es lo que siempre ha engendrado el planeta Tierra a través de su...