FUJIMORI Y LA SENTENCIA POR LA “COMPRA” DE LOS DIARIOS CHICHA

Decía Göebbels, uno de los genios del mal de Hitler, que había que mentir y mentir que algo iba a quedar en el inconsciente colectivo. No se trata en esas sociedades totalitarias de buscar la verdad sino de engatusar al pueblo para que éste acepte, se allane o se doblegue frente al poder, el cual es utilizado sin frenos y sin contrapesos.

Esta misma política fue la que se implementó en la época de Fujimori, donde su operador, como él mismo se encargó de aclarar en la entrevista de las corbatas exactas, Vladimiro Montesinos, comenzó a urdir una red de publicaciones de escasa calidad llenas de colores llamativos, para ponerlas al servicio de los propósitos perpetuacionistas de quienes perpetraron el golpe de 1992.

Compraron lo que debieron ser conciencias pero dudo que lo hubieren sido, alquilaron titulares. Como las personas, entre otras cosas debido a su política laboral, no tenía empleo ni ingresos para comprar los diarios, colocaban en las portadas una seguidilla de insultos y ataques perversos contra los opositores, contra los que se atrevían a postularse para un cargo que ellos querían para extender su dominio.

A una parte la callaron. Le impidieron que aparecieran en los medios de comunicación. Estos, alquilados o no, preferían no contradecir al poder. Era al final más cómodo. Nada hay peor en política que la ley del silencio. Por eso y conociendo cómo funcionan muchos de los medios de expresión y los parámetros por los que se rigen, desaparecieron del mapa a todos los líderes del Foro Democrático, que no obstante ese silencio mediático llegaron a recolectar cerca de dos millones de firmas para impedir la re-reelección de Fujimori y a erigirse en la verdadera oposición basada en principios, valores y movilización cívica contra la dictadura.

Pero a otra, a la que participaba en sus juegos de artificio democráticos, para dar la apariencia que se respetaba ese sistema, los insultaban, monda y lirondamente, sin parar en l veracidad de lo que afirmaban. Para esos medios los opositores eran ladrones, maricones, narcos y cualquier adjetivo o categoría que pudiera desmerecerlos a los ojos del gran público.

Para ello utilizaron el dinero del Estado, el que se debe de gastar en construir escuelas o pagar mejor a los profesores, o hacer carreteras o caminos, o surtir a los hospitales. Como veíamos hace dos semanas en un previo artículo sobre la corrupción, incurrieron en ella de pico y patas, integralmente.

Fujimori ha sido condenado hace pocos días a 8 años de prisión por haber no sólo gastado ese dinero público con el aparato que él directamente alentó, dirigió y supervisó utilizando también a muchos esbirros.

No parece haber elementos políticos en esa sentencia. Cualquier persona, aunque simpatizase con él no creo que pueda entender que esa condena por la comisión de todos estos delitos y el consiguiente envilecimiento del Perú pueda estimarse injusta. Jugó a estar al margen de la ley y perdió. Ahora es condenado. Coincidimos con la condena en cuanto a los años de prisión. No me he parado a pensar en el tema de la reparación civil.

Quiero saber cuál es la reacción de sus seguidores. ¿Seguirán protestando inocencia? ¿Se separarán de esa conducta y la execrarán quienes quieren decirnos que hoy hay un nuevo fujimorismo? Veremos.

El Perú tiene que cambiar, y entender que esta sentencia es justa, es parte de ese cambio.




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