La inconstitucionalidad de los llamados casos emblemáticos

A una serie de casos a los que la prensa publicita por cualquier razón que tuvieran, se les está denominando como emblemáticos y más o menos lo que se pretende es que allí se produzca una condena supuestamente ejemplarizadora en cabeza de la persona a la que se ha acusado.

Cuando se les mete en la cabeza que alguien es culpable, entonces un recurso legal de defensa es tomado como una tinterillada; la exigencia del derecho cabal a la prueba, como una dilación innecesaria; la argumentación en defensa del supuesto culpable, como un acto impropio hecho, seguro –así piensan- porque a los abogados les pagan; la determinación de un juez de no meter a la cárcel mientras dura el proceso, cosa que debe ser lo normal en cualquier nación civilizada, se presenta como un contubernio o como una venalidad del magistrado.

Lo peor es que ese retintín se ha trasladado a los propios predios judiciales, y, más aún y con mayor fuerza, a los del Ministerio Público, donde el Fiscal se siente obligado a acusar y a soslayar las pruebas que presenta la defensa porque estima que su función es acusar de todas maneras.

Esto es claramente inconstitucional. Rompe el principio de igualdad ante la ley y en la ley, pone entre paréntesis el principio de igualdad de armas, considera que unos casos deben de ser privilegiados frente a otros, en fin, trastoca en aras del qué dirán, los principios del ordenamiento jurídico que son garantía para todos.

Finalmente, ¿quién califica el caso como tal? ¿quién es el encargado de llevar a las volandas un proceso que como tal exige reflexión e independencia?

El Perú debe de cambiar, pero para ello se requiere también que el Poder Judicial y el Ministerio Público jueguen su rol constitucional y no hagan el papel de marionetas ni de los que mucho tienen, ni de los que mucho empujan, ni de la demagógia fácil de quienes quieren presentarse como abanderados de la sociedad sin haber nunca recibido ese encargo, como lo señala con claridad el jurista alemán Peter Haberle.

El único emblema para el Ministerio Público y para el Poder Judicial debe ser el de la justicia, no la notoriedad ni la complacencia con lo publicado o las concesiones a los quince minutos de fama que le pueden dar el negarse a cumplir el rol de razón de un sistema y de llevar adelante el papel de poder contramayoritario que debe de mantener en un Estado de Derecho.

Sobre este último punto recomiendo a quienes tengan mayor interés en el tema leer un libro que se llama “the tiranny of the good intentions”, lamentablemente sólo en inglés, y donde podrán ver que incluso en sociedades como la americana, donde hay un mayor cuidado por los derechos de las personas, este cáncer se está extendiendo. Así como allá, también aquí debemos de estar conscientes del mal para ponerle a tiempo la vacuna adecuada y que la justicia no sea pasto del apresuramiento o del atropello mediático.




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