El consenso de Beijing

¿El Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (BAII) marcará el inicio del fin de la hegemonía de EEUU en el mundo?

China aparece desde inicios del siglo XXI como la gran potencia emergente con desafíos geopolíticos internos y externos que influyen directamente en la economía de los países industrializados. Los tiempos cambian y ahora China marca la necesidad de posicionarse en todos los continentes en búsqueda de recursos y nuevos mercados. Para ello, ha ido tejiendo una red de influencia en África, Asia y América Latina a través de lo que los académicos chinos denominan “El Consenso de Beijing”. La idea es poner en práctica un modelo político y diplomático que desarrolle la diplomacia (“poder blando”) en oposición al modelo tradicional estadounidense y occidental de intervención militar, unipolaridad e  injerencia política.

A pesar de la fuerte presión de EEUU, el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (BAII) ha visto recientemente la luz con el apoyo de 57 países, algunos de los cuales aliados tradicionales de la gran potencia como Gran Bretaña, Alemania, Francia, Italia, Arabia Saudita, Taiwán, Israel o Australia.

El Banco Asiático de Inversión en Infraestructura fue propuesto en octubre de 2013 por el presidente chino, Xi Jinping y se constituyó formalmente el 24 de octubre de 2014 en una ceremonia en Beijing con los representantes de los 21 países inicialmente considerados fundadores: China, India, Tailandia, Malasia, Singapur, Filipinas, Pakistán, Bangladesh, Brunei, Camboya, Kazajstán, Kuwait, Laos, Myanmar, Mongolia, Nepal, Omán, Qatar, Sri Lanka, Uzbekistán y Vietnam. Actualmente, son 57 los países que forman parte del BAII, entre ellos los denominados BRICS: Rusia, Sudáfrica, India y Brasil.

Es el inicio de un nuevo orden mundial en el que el imperio ya no es imperio y en el que sus instituciones emblemáticas, surgidas de los acuerdos de Bretton Woods en 1945, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM) corren el riesgo de ocupar un papel secundario en la política internacional. Esto significa un golpe demoledor a los EEUU, acostumbrados a su hegemonía.

China tiene casi 4 billones de dólares en sus reservas y un volumen de dinero muy superior a todas las instituciones de Bretton Woods juntas, lo que hace que su nivel de prestación de ayuda a las naciones –sobre todo en desarrollo de infraestructuras- sea mucho mayor. China aparece decidida a crear su propio eje alternativo en los asuntos financieros mundiales.

Obama ha mostrado “su preocupación” porque China utilice “su tamaño y su músculo para intimidar a las naciones” porque, además del BAII, ha firmado un acuerdo con Pakistán para suministrarle material militar, con Irán y Pakistán para construir un oleoducto parado desde el 2012 por presiones de EEUU sobre Pakistán. Esta es la primera consecuencia del acuerdo preliminar sobre el programa nuclear de Irán y la disposición de China de comerciar a todos los niveles con este país islámico.

China quiere, además, marcar distancia de los métodos de los EEUU a través del FMI y del BM. En el BAII no tendrá una mayoría del capital en votos por lo que no impondrá condiciones a los países como suele establecerse en los “programas de ajuste” del FMI y del BM. Con el BAII habrá que cooperar con las autoridades de las zonas en vías de desarrollo, respetar sus costumbres y diseñar instrumentos financieros eficientes, adaptados a cada caso.

Este nuevo panorama geopolítico tiene consecuencias sobre el rol del dólar como moneda de reserva mundial. China lleva años fortaleciendo su moneda, el yuan o renmimbi. Algunos economistas advierten que esto podría marcar el comienzo del fin del dólar, y que no faltaría mucho para que vea seriamente afectada su condición de moneda hegemónica. Mientras la moneda china sube, el dólar baja. Si hace cinco años el dólar suponía el 72% de las reservas de divisas del mundo, ahora es el 62%, mientras que el yuan o renmimbi está en el 2,9% (y no es divisa internacional aún) y las previsiones son que este año se sitúe en el 10%. El camino hacia la desdolarización mundial se habría iniciado y tanto China como Rusia tienen mucho que ver en ello. Hay señales tan claras de una acción conjunta aunque ambas potencias hacen lo posible para no dar la impresión de que aspiran a una alianza al estilo de la Guerra Fría.

Otro acontecimiento que marcará el nuevo orden geopolítico será el Banco de Nuevo Desarrollo de los BRICS, en el cual China tendrá una participación mayoritaria del 41% del capital. Serán otros 100.000 millones de dólares, de los que Rusia, Brasil e India pondrán cada uno 18.000 millones, Sudáfrica 5.000 millones y el resto China.

Estamos ante el nacimiento de una estructura multilateral que debe ser bienvenida porque marca el cuestionamiento al poder económico y financiero de EEUU que ejerce sobre el resto de países. La creación del BAII constituye un duro revés para los EEUU y el fin de su rol de garante del sistema económico mundial. Para China la incorporación de tantos países al BAII -pese a las presiones de EEUU- es una aplastante victoria.




Jueves 21 de Mayo de 2015

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