Riesgo financiero: Buenas señales

Luego del estallido de la crisis en el 2008 y bajo el impulso del Grupo de los 20, la reforma financiera devino en eje prioritario de la agenda política internacional. La intención más que ambiciosa era poner bajo control las finanzas en los diferentes segmentos: mercado de capitales, productos financieros e intermediarios financieros. De hecho se marca claramente una ruptura con los años 80 y 90 caracterizados por la liberalización financiera. Sin embargo, luego de la caída del banco de inversión Lehman Brother, el voluntarismo inicial, mostrado por los principales dirigentes y líderes mundiales, a favor de la reforma financiera se diluyó.

Recordemos que en el año 2010 el entonces Presidente francés, Nicolás Sarkozy, no vaciló en calificar al capitalismo basado en la especulación financiera de "sistema inmoral que ha pervertido la lógica del capitalismo" y llegó a plantear la necesidad de refundarlo. Han pasado cinco años y el panorama de la reforma financiera global parece haber quedado sólo en buenas intenciones. El sistema sigue hipertrofiado, sobreendeudado y propenso a riesgos excesivos y a que el Estado pueda seguir siendo utilizado como salvavidas a costa del dinero de los contribuyentes. 

Es saludable que luego de que la industria financiera con su formidable lobby hiciera todo para evitar la reforma hoy alce la voz para promover más regulación macroprudencial a fin de “limitar los riesgos sistémicos”. Alex Weber, presidente del gigante financiero suizo UBS, y Douglas Flint, presidente del Directorio del HSBC, multinacional británica de banca y servicios financieros, con sede en Londres, han solicitado medidas “para mejorar la estabilidad financiera y reducir el impacto de futuras crisis”. 

Flint asegura que “Los reguladores deben tener señales de alerta adecuadas y medidas macroprudenciales para gestionar los riesgos del conjunto del sistema”. 

Esto marca un contraste con la toma de riesgos excesiva de algunos actores así como cierta negligencia de algunos reguladores que fueron la principal causa de la debacle. El sector bancario muestra interés por limitar los riesgos para el sistema y los supervisores han intensificado el uso de herramientas macroprudenciales desde 2008 a fin de limitar el llamado riesgo sistémico. Estaríamos pues en otro momento en el que son bienvenidos todos los esfuerzos. 

El riesgo sistémico propicia una situación de inestabilidad generalizada, en la cual el comportamiento espontáneo y racional de los agentes –para reducir su propio riesgo- se traduce en un incremento del riesgo para todos. No se reduce a la suma de los riesgos individuales de cada actor financiero, está ligado estrechamente a ellos pero también a los efectos del contagio. Genera disfuncionamiento de todo el sistema financiero, más allá del sector del mercado inicialmente afectado. El riesgo sistémico penaliza así el financiamiento de la economía principalmente por el canal del crédito. 

Que el llamado a una mayor regulación macroprudencial venga de los mismos bancos demuestra el reconocimiento de la inestabilidad intrínseca de las finanzas, tema que ha venido ganando terreno en los medios académicos y en las esferas políticas. A todos nos preocupa la incapacidad de las finanzas para autoregularse lo que justificaría el retorno a una regulación y control sobre las finanzas. Las políticas macroprudenciales, las que abarcan el ámbito internacional, desempeñan un rol fundamental para dar estabilidad al sistema financiero global y aplaudimos que las entidades que apoyan esa estrategia se muestren a favor de más transparencia para el mercado de derivados, para evitar la banca en la sombra y ver cómo se limitan las ratios de endeudamiento, en general. Excelente señal.

 




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