¡Cuidado con olvidar lo principal!

 

Ángel Delgado Silva

En relación a la prisión preventiva de la ex-pareja presidencial, estimo necesario puntualizar lo siguiente:

Primero.- Coincido en lo sustancial con aquellos colegas que han advertido problemas en la sentencia dictada por el juez Concepción Carhuancho.  En efecto, la cuestión del llamado “peligro procesal” –el eje de la resolución judicial– resulta ser un asunto espinoso para su determinación jurisdiccional. Por eso es motivo de arduas controversias en el foro y medios académicos. 

Segundo.- Siendo la detención provisoria una medida de excepción, como lo establece la mejor doctrina, la práctica de jueces y fiscales la ha convertido, pese a ello, en moneda corriente. Esta visión arbitraria hace que el procesado permanezca en cárcel durante la larga etapa de investigación fiscal y el propio juzgamiento. Sin sentencia que haya determinado su culpabilidad.

Tercero.- Pasar por alto el principio de presunción de inocencia solo se justifica cuando la actuación o peligrosidad del imputado, pueda afectar la investigación y perjudicar al proceso judicial. Sin estas premisas, la  determinación de la responsabilidad penal en juicio, no debería comprometer la libertad de los justiciables.

Cuarto.- Ahora bien, me preocupa que quienes ahora alzan voces contra la prisión preventiva de los Humala-Heredia, hayan estado calladitos ante casos verdaderamente escandalosos. Uno de ellos, Ministro de Justicia en los tiempos del humalismo en el poder, permitió el encarcelamiento provisional del Presidente Regional de Cajamarca por casi tres años, sin que fuera juzgado. Seguramente porque el señor Gregorio Santos era anti-minero, “enemigo de la inversión” y, sobre todo, comunista– a ninguno de los perspicaces juristas, que hoy salen a condenar a Concepción Carhuancho, les hizo asco que el susodicho perdiera años de su libertad sin haber sido declarado culpable, por sentencia firme.

Quinto.- Tampoco he visto, escuchado o leído, que esos prohombres del Derecho  hayan criticado los diez meses de prisión preventiva decretada contra el chofer del infausto accidente, del cerro San Cristóbal. No les ha llamado la atención que esté en el hospital convaleciendo de sus heridas y que no se haya precisado su grado de responsabilidad en los hechos. ¡Qué va, primero preso y después investigas!

Sexto.- Ahora cuando aplican a la ex pareja presidencial las reglas que todos los días sufren miles de peruanos, saltan hasta el techo y se rasgan las vestiduras. Si fueran sinceros y coherentes, creo yo, deberían solicitar, en simultáneo, la revisión inmediata de la forma en que se viene aplicando esta restricción a la libertad; que no por ser provisional resulta menos gravosa para las personas.

Séptimo.- Hasta aquí con mis colegas, abogados, profesores de Derecho y juristas de nota. Quiero advertir, además, el deliberado propósito orquestado por la defensa legal de los Humala-Heredia, su séquito de ex-ministros y colaborares, más los medios de comunicación alineados con su gobierno, portátil  incluida,  para cambiar el eje de la lucha anticorrupción.

Octavo.- Pretenden llevar a la opinión pública a discusiones intensivas y complejas sobre el tecnicismo del “peligro procesal”, (donde repito, hay y habrá siempre, controversias y ambigüedades).  El objetivo de este escenario –que ya no es técnico– apunta a crear una falaz percepción: que se estuviera cometiendo una injusticia, un abuso de poder y, por que no, quizá hasta una persecución política, contra los Humala-Heredia.

Noveno.- Por este desvío aspiran a que olvidemos los asuntos de fondo. La gama de delitos cometidos por la ex pareja presidencial y el cúmulo de evidencias y medios probatorios que acreditan su culpabilidad. En tres años de indagaciones –dos de los cuales debió soportar las presiones del poder de los Humala-Heredia– el Ministerio Público ha logrado recopilar documentos, testimonios, audios y  colaboraciones eficaces. Con ellos ha sido posible reconstruir las redes de la corrupción, las fuentes del dinero ilícito, los vínculos con Odebrecht, OAS, Galvao, Andrade Gutiérrez,  etc, la conexión con la Venezuela chavista, el ocultamiento de información a los organismos electorales,  la evasión tributaria, entre otros delitos. 

Décimo.- Es esta la cuestión principal a debatir y no los asuntos relativos a la provisionalidad de una detención. Por eso mismo, demandamos a la Fiscalía encargada, formular, sin más demora, la correspondiente acusación penal.  Y al Poder Judicial, entablar de inmediato el juicio oral donde se ventile el fondo de las imputaciones penales, se actúen las pruebas, se lleven adelante las diligencias necesarias y, oportunamente, se dicte la sentencia del caso.  Solo así se cortará la maniobra de quienes quieren llevar las cosas a otro terreno, para victimizar a los culpables y eludir a la justicia.

Undécimo.-  Una cosa final.  En paralelo a estas movidas, hay quienes lamentan la detención de un Presidente más. Estiman que ello es una tragedia para la democracia. Ciertamente doloroso es el espectáculo y más duro, pues se trata de gobiernos posteriores a la autocracia corrupta de los 90, del pasado siglo. Sin embargo, sería verdadera y terriblemente trágico eso sí, que estos crímenes quedaran en la impunidad absoluta. Una sociedad, como el cuerpo humano, puede ser vulnerable a los virus e infecciones. Pero lo significativo será la fuerza para recuperarse de la enfermedad. Ahí cuentan los remedios y protocolos institucionales para combatirla. 

Duodécimo.- Esta hora no se reduce a la tragedia solamente.  También lo es, y fundamentalmente, de esfuerzos mayúsculos para luchar contra la lacra corruptora.  Desde la democracia y con sus instituciones jurisdiccionales legítimas.

Trigésimo.- En esta guerra sin cuartel, las cosas no son fáciles. Tenemos límites y debilidades. Probablemente no estarán en la picota pública todos los que debieran estar. Pero ello, jamás debiera ser pretexto para desestimar los éxitos parciales alcanzados. El perfeccionismo ético es un mal consejero en estas circunstancias.  Renuncia a los pasos concretos, quizá magros pero reales, por el cielo ilusionado de la solución total.

Cuadragésimo.- Los corruptos saben de esto. Azuzan desde sus medios a la población, para confundirla, desmoralizarla y finalmente desarmarla. ¡Es un imperativo ciudadano no caer en este juego! Recuerdan a las sirenas del Ulises mitológico, que con sus cantos querían desviarlo del puerto a arribar.

 




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