Combatir la corrupción

Otro de los flagelos pendientes de ser combatidos y aplastados es la corrupción.  Todos hablan de ella, aunque penosamente omitan señalar las medidas concretas que deben tomarse para extirparla.

Sin desmerecer propuestas de algunos candidatos presidenciales que si se han ocupado del tema, aunque no lo suficiente, debemos precisar que con la reducción u omisión de la enseñanza de educación cívica y ética, se abonó; el terreno para que nuestros congéneres creyeran que se puede hacer lo que a cada quien le dé la gana, que todo es permisible, y que el mal comportamiento no se castiga.

De lo expuesto se entiende el por qué; muchas personas consideran que la defraudación tributaria, el pago de servicios y bienes “sin factura”, a lo que comúnmente llaman “San Francisco” por sus iniciales, a la entrega de soborno a la Policía para que omita la papeleta que “se ganó;” el infractor, son materia tolerada e incluso permitida.  Explica también la aceptación del pensamiento y acción del “Pepe el vivo”, el respaldar la tesis de “roba pero hace obra”, y que algunos malos tengan a flor de labio “¿y cómo es?

Consecuentemente con lo expuesto, lo primero que se necesita para combatir a la corrupción es la formación del ser humano en valores, desde la escuela para adelante, y con campañas mediáticas que creen conciencia que la corrupción en el Estado, incide en tener menos recursos para obras de infraestructura, para nuevas universidades, escuelas, hospitales, postas médicas y mejoras remuneraciones al personal que presta servicios en el Estado, como maestros, policías, militares, médicos y enfermeros entre otros.

Pero hay otras acciones por adoptarse, como es empoderar a la Contraloría General de la República con atribuciones que faciliten el control que ejercen sobre el aparato estatal, dotándola de más recursos y de personal apropiado.  No necesitamos más instituciones de control, sino fortalecer la existente.

Pese a considerar doctrinariamente que todo delito puede prescribir, la grave situación de corrupción existente llevaría a aceptar la imprescriptibilidad de los delitos de corrupción.  A esto habría que complementar la extensión de la pena de inhabilitación para cargo público impuesta a los corruptos, para que también sea de por vida, pues no tiene lógica la situación actual en que la sanción de inhabilitación usualmente termina cuando el condenado a pena privativa de libertad culmina la carcelería.  No señor, tiene que ser la sanción permanente para evitar que granujas vuelvan a atentar contra los recursos del Estado.

La muy grave corrupción debería ser penada con cadena perpetua, para lo que debe mejorarse la situación carcelaria, en que hoy por hoy nuestros penales están tugurizados, por decir lo menos.

Cuando existan empresas extranjeras involucradas en otros países en hechos de corrupción, tiene que impedírseles contratar en nuestro Estado, sea para proyectar o ejecutar obras públicas, como para concursar o ser postor en la adquisición de bienes y servicios.

Por último, deberíamos hacer legalmente posible la degradación de personal uniformado corrupto, que perjudica a sus instituciones y al prestigio de los buenos efectivos, que los hay y son muchos.




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