DESARROLLO AGRÍCOLA

 

Por Antero Flores-Araoz

No soy agricultor sino abogado, por lo cual es previsible que quienes lean esta columna se pregunten ¿qué sabe Antero del tema?  Evidentemente nada o muy poco, pero frente a ello puedo decir que tengo vivo interés como peruano comprometido en el desarrollo del país, y es en ésa vertiente que puedo informarles que soy atento oidor de lo que dicen los expertos.

Conversando con Luis Morante Alvarado que como ingeniero ha participado en diversas obras de su especialidad en el norte peruano, recordaba que hace algunos años como consecuencia del fenómeno del Niño y las inundaciones que originó, se creó temporalmente una gran laguna en el desierto de Sechura, denominada “Laguna de la Niña”, que lamentablemente no se aprovechó lo suficiente.

Ahora nuestros hermanos del norte del país, especialmente en Lambayeque, Piura y Tumbes, están sufriendo los embates de la naturaleza con desbordes, lluvias, inundaciones y huaycos, lo que genera millonarias pérdidas para los afectados, inutilización de tierras de cultivo, sembríos irrecuperables y reducción de nuestra capacidad exportadora de productos agrícolas y de la agroindustria. En adición a la gran inversión que deberá hacer el Estado para la reparación de vías de comunicación, puentes y otras obras públicas dañadas.

Como hasta en los desastres hay que buscar ventanas de oportunidad, Luis Morante menciona que las lluvias en el Bajo Piura incluyendo el desierto de Sechura, las del Alto Piura especialmente en Ayabaca, Chulucanas, Huancabamba y Morropón, y las del departamento de Lambayeque con especial incidencia en las Pampas de Eten, nos deben permitir desarrollos agrícolas.

Como reitero, no soy conocedor del tema, inquirí al mencionado ingeniero como se podría sacar provecho de lo señalado.  Su respuesta fue conciliar o concordar el aumento de la napa freática con el alto volumen de agua de los drenes del Bajo Piura, y las demasías de agua del río Piura en su desembocadura en el Océano Pacífico, pudiéndose reducir la salinidad de las aguas con la utilización de ultra membranas, y para la energía requerida la utilización de la solar, que incluso podría complementarse con la eólica.

Las aguas a que nos referimos, para su utilización en riego y aumentar el área cultivable en la costa norte, tendría que dotarse por riego tecnificado, cuyo resultado sería miles de hectáreas incorporadas al desarrollo agrícola y miles de nuevos puestos de trabajo entre directos e indirectos.

Morante nos hizo recordar que en las Pampas de Eten los antiguos peruanos desarrollaron agricultura, y que para el sector de nuestra serranía podrían recuperarse importantes andenes que permitieron en el incanato sembríos que los convirtieron en la despensa del imperio.

Si de la tragedia se saca no solo tristeza, pesadumbre y daños, sino también optimistas oportunidades, es hora de estudiarlas, elaborarlas y no perderlas.




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