Desastres y carencias

Sin pecar de alarmistas aunque con objetividad, no es ningún secreto que el Perú está en zona altamente sísmica, y que podría verse afectado por movimientos telúricos de intensidad, como ya ha sucedido en el pasado innumerables veces.

Ante tal situación tenemos que estar preparados, lo que significa que debemos tomar las precauciones debidas con anticipación, y en tal dirección algo se ha hecho pero insuficiente.

Se han ejecutado varios simulacros para alertar a la población, se han expuesto algunas recomendaciones en los medios para que las personas cuenten con las mochilas de alimentación y primeros auxilios, así como para que sepan  a donde  dirigirse en caso de terremoto o sunami, e incluso para evitar el uso de teléfonos y sustituirlos por mensajes escritos.

Las autoridades que deben velar por el apoyo a la población en caso de desastres son las municipales en primer lugar, sin embargo los últimos episodios sísmicos nos han probado que ello no es eficiente, basta recordar el terremoto del 2007 en que hubo presencia diminuta de alcaldes para atender y socorrer a los damnificados, y la llamada Defensa Civil llegó tarde.

 

Quienes si llegaron a tiempo fueron las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional, lo que debe obligar al Estado a darles más facilidades logísticas para un mejor desempeño con vehículos, naves, y aeronaves adecuadas a tan importante misión, con entrenamiento permanente al personal militar y policial para las tareas de socorro inmediato.

En el terremoto del sur medio se cometieron muchos errores, y sería bueno sacar de ellos enseñanzas para que no se repitan. 

Debemos tener una legislación apropiada y previa para casos de desastres en que el Estado tenga por misión ayudar pero no sustituir a los ciudadanos.  No puede ser el Estado regalón y dar bonos sin ton ni son, que de poco han servido para la reconstrucción. Es mejor los créditos blandos para ello, lo que permitirá dirigir recursos estatales a las tareas de reconstrucción de las obras públicas como son agua, alcantarillado, electricidad, carreteras  y pistas, comisarías y establecimientos de salud, entre otros.

Entre las normas que tienen que expedirse están las de ser más severos en la penalidad en caso de producirse pillajes e inconductas similares, con procesos judiciales muy rápidos y sencillos.

Igual como la normatividad en épocas de conflicto no puede ser la misma que en tiempos de paz, tampoco lo puede ser la normatividad para casos de emergencia por desastres naturales respecto a la de épocas sin ellos.

 

No debe esperarse a que se produzca la catástrofe para recién pensar en lo qué se debe hacer.  Desde ahora hay que estar preparados, pues como dice antiguo refrán a quien madruga Dios lo ayuda.




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