En guardia

Los ataques terroristas perpetrados en París el 13 de noviembre, condenados mundialmente, tienen necesariamente que hacernos reflexionar, y en ésa línea la primera reacción es la de estupor, de no creerlo ni menos comprenderlo.

Nos preguntamos: ¿Cómo es posible tanta maldad?  ¿Cómo se puede tener tanta sangre fría, para matar sin motivo aparente, a personas que ni siquiera conocen y con las cuales no había vínculo alguno? ¿Cómo se puede ser tan deshumano para infligir grave daño? ¿Cómo existen personas que se inmolan para cegar otras vidas? Y ¿hasta dónde puede llegar el odio y las pasiones? No tenemos respuestas.

Consideramos que tras el artero ataque a las Torres Gemelas en Nueva York, en aquel fatídico 11 de setiembre, nada parecido podría suceder, sin embargo hemos seguido enfrentando barbaridades y a personas actuando peor que animales salvajes.

Ha avanzado la ciencia y la tecnología, pero al igual que ellas y la globalización nos permite estar mejor en muchos aspectos, también es cierto que avanza el crimen organizado, la delincuencia internacional y el terrorismo que ha traspasado fronteras y se ha convertido en flagelo universal.

Consecuencias de lo acontecido vamos a tener que enfrentar, como podría ser el intento de mejorar los servicios de inteligencia en el mundo, pasar al comportamiento de permanente alerta así como sospechar de todo y de todos, cambiar la cultura de las libertades por la de las seguridades y soportar más controles.

Pero también podrían haber otro tipo de consecuencias, como en lo inmediato menor asistencia a la próxima COP en París, o que quienes asistan tengan menores niveles de jerarquía que en otros eventos similares. Frente a tal posibilidad se hace necesario que los países ratifiquen su compromiso y la asistencia sea numerosa y singularmente importante en calidad, para demostrar a quienes desatan el terror, que el mundo está unido y que no lo doblegará el pánico.

Consecuencias en lo mediato probablemente sea la reformulación de políticas migratorias y de refugiados en Europa, el mayor control fronterizo, la postergación de la eliminación de la famosa visa “Schengen” aplicada a los visitantes de diversos países. Lo señalado sin olvidar que en otras naciones desarrolladas del resto del mundo, se puedan contagiar de severos controles migratorios, y que en la campaña electoral de los Estados Unidos de América, los ofrecimientos de restricciones a los indocumentados vayan en ascenso, y que impresentables enemigos de los latinos aumenten sus decibeles.

En lo que respecta a nuestra patria, tenemos que tener muy en claro que es difícil que los fanáticos terroristas se arrepientan de sus actos de violencia, por lo que para ellos la sanción debería ser la cadena perpetua, sin contemplaciones ni beneficios cancelarios. Pensar que la carcelería pueda resocializar a los terroristas, se ha transformado en incredulidad frente a quienes no se redimen con nada, que su fanatismo puede más que la razón y que su odio es tenaz y persistente.

Tenemos que estar en alerta permanente y aplastar al terrorismo sin contemplación alguna.  Lo sucedido tiene que ser acicate para nunca bajar la guardia.




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