FORMALIZACIÓN

Si hay un tema que a todos convoca y en que casi todos estamos de acuerdo, es en la conveniencia de la formalización. Si queremos formalizar es porque hay informales, y nos referimos a quienes tienen negocios y actividades lucrativas pero no pagan impuestos, no llevan contabilidad, no presentan balances, probablemente no tengan licencia municipal de funcionamiento, no tienen a sus trabajadores dependientes en planilla ni tampoco pagan las cotizaciones de seguridad social, beneficios sociales ni menos hacen descuentos para el sistema previsional.

Desde la otra vertiente, también son informales los trabajadores dependientes que no están en planillas, no reciben beneficios sociales, no cuentan con EsSalud para el caso de enfermedad-maternidad, ni tampoco cotizan al sistema pensionario, sea al público o al privado.

Hay trabajadores independientes que en la práctica son empleadores de sí mismos, hacen trabajos de carpintería, como también prestan seguridad en algunos vecindarios, o también arreglan los silenciadores de los automotores en la vía pública, limpian y dan mantenimiento a cisternas y piscinas, limpian lunas y otros ventanales, pintan paredes y muebles, arreglan electrodomésticos y es usual que realicen actividades de electricistas, gasfiteros, encuadernadores y empastadores de libros, tapicería y tantos otros oficios y actividades lucrativas. Todo lo señalado sin otorgar un solo recibo, sin pagar un solo tributo, sin estar protegidos por la seguridad social y con la angustia de no tener amparo cuando lleguen a la vejez.

Como vemos la informalidad es desde el lado del empresario-empleador, como del trabajador dependiente o independiente, y si se desea que pasen de la informalidad a la formalidad, no basta que el Estado lo ordene, ni que se pretenda para ello bajar costos laborales, cuando el tema no es de sobre costos sino de la imposibilidad de ser formal.

Si quienes nunca han tributado se formalizan, estarán admitiendo en la práctica que tuvieron un período, largo o corto, en que fueron evasores, y podrá caerles encima el Estado con todo su poder punitivo, sea por estar fuera de la tributación como del control municipal de sus actividades y ajenos a lo que significa la transparencia laboral. Esto significa que si el Estado pretende la formalización de los informales, tiene que darles la seguridad que los efectos tributarios, fiscales, municipales y laborales de la formalidad, serán a partir de la formalización y no para etapas previas.

Pero también el Estado tendrá que simplificar procedimientos, trámites, requisitos, y tanto papeleo innecesario y comprender que un pequeño empresario o generador de autoempleo, no puede estar sometido a las mismas reglas que la mediana o gran empresa. Se imaginan a los vigilantes de los edificios dando recibos, que les descuenten tributos, que se presenten por ellos planillas electrónicas, que tengan que hacer declaraciones telemáticas y que el pobre administrador del edificio tenga que vivir prácticamente en alguna oficina del Banco de la Nación para cumplir con tanta malvada tramitología que una despiadada burocracia nos impone.

Para formalizar tiene que amnistiarse condonando lo pasado y facilitarse el futuro, sino todo será bla bla bla, del que ya estamos cansados.




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