INTELIGENCIA

Ciertamente el término “inteligencia” es menos duro y suena mejor a los oídos que “espionaje”, como se le denominaba antaño, pero se trata de lo mismo. Algunos dirán que me estoy metiendo en tema súper sensible y sin rédito político en la actual situación. No importa hay que opinar con franqueza.

Las labores de inteligencia efectuadas desde la Dirección Nacional de Inteligencia (DINI) vienen siendo cuestionadas por diversos actores políticos y mediáticos, que han tomado noticia que personas insospechadas de atentar contra el Estado, han sido objeto de indagaciones respecto a sus bienes inmuebles, ello a través de los Registros Públicos.

Sin dejar de reconocer excesos en el actuar de la DINI, no es menos cierto que la información que obtuvieron y a la que se refieren los cuestionamientos, fue obtenida de lo que se denomina “fuente abierta”, esto es, que no estaba escondida, tampoco reservada ni menos secreta, sino de absoluto acceso a cualquier persona.  Efectivamente, era información existente en SUNARP que conduce los Registros Públicos a los que cualquiera puede ingresar y obtener información sobre los bienes inscritos de terceros.

La información aludida, y en mayor amplitud, pues también abarca a los predios no inscritos, se puede obtener en los padrones prediales o de arbitrios de las municipalidades.  Si se trata de inmuebles de funcionarios públicos, ellos aparecen en sus declaraciones juradas de bienes y rentas, que incluso se publican en el diario oficial “El Peruano”.

Conforme se puede advertir, no es ilegítimo que DINI recurra a acopiar información de Registros Públicos, pero sería mejor que pudiera investigar sobre los predios que personas de dudoso prestigio, esconden su titularidad a través de testaferros, probablemente por turbia procedencia de su patrimonio inmobiliario.

De conformidad con la normatividad que regula al servicio de inteligencia, su actividad comprende la búsqueda, evaluación y análisis de información, cuya finalidad es producir conocimiento útil para la toma de decisiones en razón de la seguridad nacional y la protección de la población de amenazas externas e internas, con especial énfasis en lo que se refiere al terrorismo, narcotráfico y crimen organizado, y por qué no, también la corrupción.

La actividad de inteligencia es de naturaleza preventiva, para evitar situaciones no deseadas, ya que si su accionar fuera post, para ello no se le requiere, bastarían otras autoridades como Policía, Contraloría, Ministerio Público y Poder Judicial.

Una de las características que deben tener los miembros de cualquier servicio de inteligencia, es el ser desconfiados, y como correlato investigar todo lo relevante a sus funciones. La Historia por lo demás ha demostrado que muchas veces las personas más insospechadas y supuestamente más “pulcras” han sido partícipes de acciones contra la seguridad interna y externa de sus países, cuando no actores de hechos delictuosos.  Si solamente quienes se comportan como sospechosos pueden ser objeto de investigación, mejor cierren la DINI, pues estaría de más. 

Lo que sí debería de preocuparnos es la eficiencia de la inteligencia nacional. La falta de información oportuna y veraz de inteligencia ha ocasionado que el Estado llegue tarde para solucionar conflictos que pudieren haber sido predecibles y evitados. Ejemplos hay muchos.




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