MEDIOCRIDAD POLÍTICA

Hace poco, buscaba explicación al comportamiento de algunos políticos, que deplorablemente, flaco favor le hacen a la noble actividad de buscar el bien común bajo la conducción del Estado, que es un propósito loable y que merecería el reconocimiento de la población.

La ciudadanía ha visto con estupor como congresistas que se dicen zamba canuta en el hemiciclo del Parlamento, están luego ñaños de risa en el comedor reservado a su servicio, e incluso en el llamado “Hall de los Pasos Perdidos”. Ello acredita que “actúan” carentes de sinceridad, para las tribunas y ante quienes los ven a través de la televisión, como si fueran artistas de teatro.

Oímos por la radio o vemos por la televisión, o también leemos en diarios y revistas, las expresiones ramplonas e incoherentes de algunos “padrastros” de la patria, que tratan de sintonizar con lo que piensa el común denominador de las gentes, aunque ello sea contrario a su pensamiento. Olvidan que son dirigentes y no dirigidos, y que no por congraciarse con la población pueden desterrar principios y valores como si se tratara de desperdicios.

El colmo fue el apoyo con su voto favorable en el Congreso para la aprobación de la Ley del Trabajo Juvenil, la que recibió el apodo de Ley Pulpin, pero percatados que algunos colegas habían soliviantado a los jóvenes para que protestaran contra ella, prefirieron cambiar el apoyo por el rechazo, como si se tratara de simple cambio de ropa. Francamente vergonzoso.

Vimos también declaraciones de políticos no parlamentarios, que aplaudieron inicialmente la mencionada Ley, pero al ver el rechazo de algunos sectores juveniles, cambiaron de posición sin siquiera sonrojarse.

Busqué explicación a los precarios comportamientos aludidos, pero no encontraba respuesta, hasta que releí “El Hombre Mediocre” del genial José Ingenieros, y me dio la pista para resolver el enigma.
En la famosa obra ubiqué que hay ideales que se debilitan y que la dignidad se ausenta, y que el “mediocre” ignora el justo medio, desconoce la autocrítica, rechaza el diálogo, es fundamentalmente inseguro y busca excusas que siempre se apoyan en la descalificación del otro y se comunican mediante el monólogo y el aplauso, así como que la impunidad los tranquiliza además de que acomodan los valores a las circunstancias.

Como si fuera corolario, José Ingenieros observa la declinación de la “educación” y su confusión con “enseñanza”, y dice que ello permite una sociedad sin ideales y sin cultura, lo que facilita la existencia de políticos ignorantes y rapaces.

Penoso todo ello por cierto, pero nos permitió resolver el enigma: cunde la MEDIOCRIDAD, y los ciudadanos deben tenerlo claramente presente para no volver a cometer el error de votar por mediocres, mejor es simplemente botarlos, y ojo, la diferencia es más que una letra.




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