MIGRACIÓN VENEZOLANA

Los desplazados de sus lugares habituales de residencia, por innumerables causas, como actos compulsivos de terceros, al igual que por propia decisión, son recibidos en ciertos lugares y momentos con simpatía, pero también hay circunstancias en que se nota rechazo.

Los motivos de las migraciones son muchos. En algunos casos buscando mejores oportunidades de vida, que les han sido negadas en su país de origen, entre ellos tenemos a aproximadamente tres millones de compatriotas que se fueron a residir al exterior huyendo del terrorismo homicida y del desempleo.

En otras latitudes la diáspora ha sido motivada en guerras y persecuciones, viendo como musulmanes de varias nacionalidades, migraron a Europa, y ello sin olvidar a quienes por intolerancia religiosa tuvieron que abandonar sus lugares de residencia permanente.

Existe otra causalidad migratoria, como es la falta de libertades y carencias de todo tipo, como la de los cubanos, que, si bien con las décadas recorridas se han reducido, no es menos cierto que son millones los que dejaron la isla. Ello también al ser seducidos por el éxito de las familias cubanas de tres generaciones en el sur de los Estados Unidos de América.

En nuestro hemisferio, somos testigos del éxodo de los venezolanos, motivados por la tiranía instaurada por Chávez y continuada por Maduro, que, si bien ha estado maquillada de Democracia con elecciones amañadas, nadie se la ha creído y por ello recibe a diario el repudio internacional.

A la grave crisis política venezolana, se añade la corrupción, la persecución a autoridades legítimas e incluso su confinamiento carcelario, además de la pérdida de empleos, inflación galopante, y desabastecimiento de alimentos, remedios y bienes de primera necesidad.

En época del General Velasco Alvarado, miles de peruanos emprendieron el éxodo hacia Venezuela, especialmente a la entonces ciudad pujante de Valencia, quienes fueron recibidos con los brazos abiertos, dado su buen comportamiento, laboriosidad y empatía con los venezolanos. Hoy en reciprocidad el Perú generoso los acoge de mil amores, e incluso se han dado normas migratorias de excepción para tal acogida.

Nuestra Superintendencia de Migraciones informa que son aproximadamente ocho mil venezolanos quienes ingresan mensualmente al Perú para residir y laborar. Familias enteras que han encontrado en los peruanos la solidaridad que esperaban, aunque también es verdad que como las cosas en el Perú no están de maravilla por la pérdida de empleo agravado por el escándalo Lava Jato y la necesidad de reconstruir al norte del país afectado por el “Niño Costero”, los puestos laborales no alcanzan.

La economía informal peruana hace que millones de personas tengan auto-empleo con la elaboración de comidas, comercialización de bebidas, y venta de cuanta minucia uno se puede imaginar, y a tal economía se han incorporado la mayoría de venezolanos que han migrado al Perú, aunque no solamente para ofertar las ricas arepas.

Ante lo señalado, tenemos que conciliar la solidaridad de los anfitriones con la presencia de los huéspedes, que no debe ser ilimitada ni en el número ni en el tiempo, por lo que quizás sería conveniente poner ya límites razonables.

 




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