Poco que exhibir

Existe la costumbre de hacer un balance parcial del desempeño del Presidente de la República, Gobernadores Regionales y Alcaldes al cumplirse los cien primeros días de gestión.

Asumiendo que el período es muy corto para juicios de valor definitivos, los primeros cien días de la administración de la Municipalidad Metropolitana de Lima, tiene poco que mostrar.

De los cinco corredores dejados por la administración metropolitana anterior, únicamente quedan el de la Avenida Arequipa y parcialmente el de la Avenida Javier Prado.  Los otros quedaron descartados porque no habrían pasado el filtro del MEF, lo que no deja de ser insólito, pues en el peor de los casos se podría solicitar la supuesta autorización pendiente.

El corredor de la Avenida Arequipa está demostrando que la sustitución de combis por unidades de transporte de mayor aforo de pasajeros, mejora significativamente el flujo vehicular, lo que tendría que haber ocurrido con los demás corredores, quedando claro que estamos frente a un retroceso en el tema de transporte colectivo.

Se está iniciando el intercambio vial de 28 de Julio en el Cercado de Lima, haciendo realidad la famosa mala costumbre de “vestir un santo desvistiendo otro”.  Se ha tomado dinero comprometido para el techado parcial del Río Rímac, denominado Proyecto Río Verde. El cambio de destino de los recursos económico-financieros no luce muy oportuno en medio del caos vehicular existente, que es como “echar combustible al fuego”.

Ni siquiera para lo del intercambio vial se ha dado a conocer el costo social, en términos de horas-hombre perdidas por los ciudadanos que transitan por dicha ruta, ni menos la incidencia en la merma de calidad y oportunidad de los servicios públicos que tienen sede localizadas en las rutas que se verán afectadas. Peor aún, invade el intercambio una de las estaciones de la futura Línea 3 del Metro.

Cancelar una obra tan importante en el río Rímac, con fuerte componente de apertura de espacios sociales y hasta elementos de fortalecimiento ecológico y turístico, es un retroceso al principio de continuidad de las obras empezadas por los antecesores.  Recordemos que la falta de compromiso de continuidad, impidió que tuviéramos el tren eléctrico veinte años atrás, con grave perjuicio para la colectividad. ¿Se quiere acaso repetir tal desacierto?

Por otro lado, el Metropolitano, de anterior gestión del actual alcalde, constituyó la reedición de ENATRUPERU, que utilizó por primera vez el Paseo de la República que se hiciera en la gestión de Luis Bedoya Reyes. La decisión de dicha utilización únicamente benefició al 8% de la población capitalina de ocho años atrás; y claramente ineficiente si se tiene en consideración que por dicha vía podría haber circulado un ramal del tren eléctrico, con el beneficio de vagones que aumentan o reducen la capacidad instalada de asientos disponibles en función a la demanda cambiante durante el día.

 

La “bomba de tiempo” a la que nos referimos en el párrafo anterior, ha reventado en la tercera gestión del mismo alcalde, en que tiene que afrontar los reclamos de los pasajeros que hacen colas de una hora de ida y una hora de vuelta, para abordar el Metropolitano.  La pérdida de tiempo y el aumento de bilis, seguramente pasarán factura a nuestro alcalde, sin olvidar su fobia por el arte popular.




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