La estrella siempre estuvo limpia

Importante campaña vienen desplegando los jóvenes del APRA en diferentes partes del Perú cómo en Piura Michael Neira, Paúl Montjoy, en Lambayeque, Renato Granados, Adrian Mires y Mabel Burga, en Moquegua Luis Miguel Caya, En Puno Rusbell Torres, Ros Quiroz, en Lima Enrique Valderrama, Úrsula Silva, Alexis Meléndez, Elí Castelo, etc.  al señalar que “La Estrella está limpia”, separando la no mácula del ícono político más importante de la historia republicana con casos aislados de inconductas de militantes ya expulsados del cuerpo orgánico del aprismo.

A ello hay que agregar que, sin duda, la estrella siempre estuvo limpia, a pesar de – y quizás también por eso- haber sufrido, desde su aparición en el escenario político nacional, permanentes embates e intentos de desprestigio y de destrucción. La estrella, como emblema del APRA, como parte de la iconografía del Perú, simboliza, más allá de sus propuestas programáticas, la nueva doctrina política, la de la modernidad, profundamente democrática y social, que concibiera  una generación brillante de peruanos liderada por el maestro indoamericano de origen trujillano Víctor Raúl Haya de la Torre.

Cuando afirmamos que supuestos o probados ilícitos cometidos por algunos de los miembros del APRA no pueden alegremente atribuirse a la militancia toda; reafirmamos con contundencia que la responsabilidad ante una inconducta penal es siempre personal y que cada cual debe responder por los actos que comete. Ello es aplicable no solo al Partido Aprista sino a cualquier institución republicana. Sino las fuerzas armadas ya estuvieran disueltas por las inconductas de “Carlos”, el capitán que cobraba 20 mil dólares para dejar que aterricen avionetas cargadas de cocaína ó “Arturo”, el otro capitán que asesinó al periodista Hugo Bustíos. Entendemos que se tratan de dos malos elementos que cuando se logre identificarlos les caerá todo el peso de la ley, pero esto no tiene porque afectar la gloria de nuestro leal y combativo Ejército Peruano.

Revisando un poco la historia es bueno recordar que en el pasado y desde la fundación tanto del  APRA, en México, hace 91 años en su dimensión de movimiento continental, como del Partido Aprista Peruano en el Perú, en 1930, se buscó mancillarla recurriendo a toda  forma de patraña posible, tratando de involucrar a sus iniciales seguidores e incluso a su propio fundador en acusaciones falaces que como era de esperar nunca prosperaron ni los adversarios pudieron nunca probar.

Esa ha sido en realidad la historia del aprismo y de su símbolo la Estrella: Una lucha constante contra la incomprensión y rencor de los sectores ultras de derecha y de izquierda que tuvieron siempre su motivación en la percepción de que tempranamente los sectores populares vislumbraronla validez de sus principios y la solidez de sus propuestas, las que apuntaban a un constituir al Perú en una República democrática y próspera en la que imperen la libertad, la justicia y la igualdad.

Frente a este escenario el Partido como decía Víctor Raúl, debía mantenerse unido, porque estando unido sería siempre fuerte y podría, como hasta hoy lo ha hecho, superar todos los embates y mantenerse vigente en la escena nacional, no sólo por su propia existencia sino por el bien del Perú.

Lo afirmado nos lleva a plantear una reflexión final y nos plantea una tarea tan perentoria como permanente. La primera se resume en la pregunta: ¿de quién  o de quienes depende que el partido del pueblo siga siendo la locomotora que permita al Perú alcanzar la prosperidad social, económica y democrática que fuera la preocupación constante de su generación fundadora? Y ella tiene sólo una respuesta: De sus miembros militantes y simpatizantes, sin distinción de edad, género u oficio.

Respecto a la tarea, ella fluye por si sola: Que cada militante sea un modelo de comportamiento cívico y moral y con su ejemplo y acción promueva al interior del Partido y también fuera de él la práctica de una ciudadanía comprometida con el bienestar de las mayorías. Ello debería reforzarse programando en cada sector o célula partidaria cursos o talleres de ciudadanía y civismo, a la par de centros de formación integral de cuadros, que apuntalen desde el aspecto ideológico, operativo y de articulación social, técnico y propagandístico; todo ello buscando la esencia de nuestros ideales: “El aprista debe ser siempre el mejor”.




Martes 18 de Agosto de 2015

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