La Inteligencia emocional en el trabajo

Silvana trabaja en una pequeña empresa con 15 colaboradores, entre programadores y comunicadores, cuenta con un buen clima laboral. Todos se llevan bien y, a pesar, que no tienen intereses en común se logró formar un grupo de trabajo sólido. Hace poco contrataron a un nuevo jefe de redes: Paulo, él es una persona muy capaz, uno de los mejores en su rama. Sin embargo, no logra llevarse bien con el resto de su equipo.

¿Qué pasó? Si Paulo es un profesional reconocido, pero su gran falencia está relacionada a: Inteligencia Emocional. Según Daniel Goleman, sicólogo americano, es la capacidad que tiene una persona de manejar, entender, seleccionar y trabajar sus emociones y las de los demás con eficiencia y generando positivos.

En otras palaras, es mantener un alto nivel emocional frente a los compañeros de trabajo. Paulo no ha logrado esta clase de inteligencia. Su presencia en el grupo provoca un comportamiento negativo, se cree superior al resto, lo que genera un ambiente de trabajo incomodo y lleno de estrés.

Si el estrés y la depresión son las enfermedades de esta época, la culpable es la gran competitividad dentro del ámbito laboral.

Por eso se debe aprender este tipo de inteligencia lo más temprano posible. En caso que alguno de los colaboradores no la haya adquirido aún es importante identificarlo e iniciar un plan de trabajo personal en el manejo de las emociones. La comunicación y el desarrollo de las habilidades blandas, enseñarles a ser emocionalmente inteligentes y a solucionar conflictos internos de forma asertiva.

¿Por qué? Porque es beneficiosa, mejora el liderazgo, reduce el estrés, se trabaja mejor en equipo. La empresa se vuelve eficiente y eficaz, porque los objetivos se mantienen claros y los colaboradores tienen confianza en sí mismos, en su desempeño y en sus líderes.

Las ventajas que traen consigo el contar dentro de la organización con una política del buen manejo emocional David Coleman la define como una influencia positiva y comenta que “quienes alcanzan altos niveles dentro de sus organizaciones poseen gran control de sus emociones, están motivados y generan entusiasmo entre sus trabajadores”.

Lo más probable es que Paulo no dure mucho tiempo en el puesto, porque a pesar de su gran expertis, pesa más el bienestar grupal, allí es donde toman relevancia los valores institucionales. Por ejemplo, la honestidad, integridad y responsabilidad. Coleman afirma: “no nos haremos ricos con sólo practicarla (la Inteligencia Emocional), pero si es bien cierto que si se ignora el elemento humano, estamos destinados al fracaso en nuestras empresas”. Es tarea de todos crear organizaciones emocionalmente inteligentes para impulsar el éxito empresarial.

 




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