Continuidad en el interior: ¿nos sirve?

Pareciera que existen dos modelos contrapuestos a partir, de quiénes deben dirigir el Ministerio del Interior. Un modelo es aquel que buscó promover Fuerza Popular en su campaña electoral inspirado en los cuadros propios de la policía, bajo la conducción de los generales (r) Eduardo Pérez Rocha y Marco Miyashiro, que proponían que la mejor gestión sería de quienes conocen la institución por dentro. La crítica que pesa sobre éste modelo es que aun siendo de la misma corporación sus propios cuadros no tendrían una visión –transdisciplinar si fuera el caso- de la seguridad ciudadana.

El otro modelo, el de PPK, sería el de los gestores que saben de seguridad ciudadana, pero apenas alguna experiencia en el asunto. La crítica se fundamenta en que están desacoplados de la realidad institucional propia de la gestión de la seguridad ciudadana como es el caso de la Policía Nacional del Perú, por lo tanto, querer mover la palanca institucional, puede resultar demasiado pesada en el combate al crimen, la misma que no tendría resultados efectivos.

PPK ganó la elección y ha dispuesto que continúe el segundo modelo. Carlos Basombrio es el nuevo Ministro del Interior, el mismo que hace parte de un circulo de conocidos que saben de seguridad ciudadana, que vienen trabajando directa o indirectamente en las altas esferas del ministerio del interior, venidas desde la época del Presidente Alejandro Toledo, y actúan en el formato de enroque permanente sobreviviendo a varios ministros y gobiernos. Tienen a sus figuras más destacadas a Fernando Rospigliosi, Gino Costa, el actual ministro Pérez Guadalupe y ahora el propio Carlos Basombrio.

Así a su actual nominación nos induce a pensar sobre la previsibilidad del origen de los futuros ministros, circulo que viene influenciando de forma decisiva las políticas el modelo de seguridad pública vigente, recalcando que las mismas hasta el día de hoy no tienen ninguna originalidad, impacto y además han tenido poco éxito.

La crítica que se le hace a éste modelo me parece un poco injusta, el hecho de ser un teórico en el área, no significa que no se pueda ser un buen gestor. Pero sí es regla, en toda gestión, de que el gestor tenga algún tipo de empatía con la institución que va a gerenciar, y el futuro ministro Carlos Basombrio no tiene empatía con el Ministerio del Interior. En una declaración a un diario local algunos años atrás mencionaba que ¨En la PNP no hay una manzana podrida. Lo que hay son muy pocas sanas con las cuales hay que trabajar¨. Una expresión por lo menos infeliz, que demuestra la falta de confianza en una institución como la PNP y sus hombres, la misma que si puede ser reformada. ¿Para qué se metió de Ministro?, algún día lo sabremos.

Que Basombrio crea que en la PNP no exista una cultura corporativista y con ello resistencias en una institución que se valen por su estructura jerárquica, es algo más que ingenuo. Pero, ¿qué modelo debía haberse impuesto? PPK es un destacado economista, y nuevamente demuestra que tiene pocas nociones de lo que es una política pública.

Una cosa es reglamentar concesiones mineras, interpretar tendencias bursátiles o ser capitán de la macroeconomía para generar riqueza, otra cosa es distribuir con eficiencia con lo que se cuenta. ¿Será que no hay uno entre los 86 generales de la PNP que puedan conducir el Ministerio del Interior? Eso muestra que como gestor podía haber pensado en la combinación de ambos modelos.

Ojo, el modelo de Fuerza Popular tampoco es el ideal, pues es pertinente cuestionar que gestores enclaustrados, pierden un abanico de posibilidades cognitivas fuera de sus muros lo que significa la continuidad y rigidez de una política pública en contra de la urgencia de adaptarse a los nuevos tiempos. En todo caso, la combinación con teóricos de la seguridad ciudadana generaría una dinámica diferente, que implicaría la búsqueda de cooperación, eficiencia, legitimidad y de reafirmación de la autoestima de la institución policial.

Como es costumbre, y dado que recientemente va asumir el nuevo gobierno y en política todo es cambiante y hay que ser optimista, quien sabe un golpe de suerte lleve a una buena gestión a la del actual del ministro y así consigue acabar con la inseguridad ciudadana. Digo un ¨golpe de suerte¨, pues implica reconocer que existen claros indicios sobre la capacidad del ministro recién nombrado, pero también es un deseo de suerte a todos los peruanos para nos libremos de ser víctimas de ese flagelo llamado delincuencia.




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