La elección y la oposición peruana en el contexto latinoamericano

La elección peruana puede que sea la más reñida de la historia de los procesos electorales. En una perspectiva comparada podemos identificar cuáles han sido sus consecuencias las mismas que nos pueden ayudar a pensar la gobernabilidad peruana.

En 2006, Andrés Manuel López Obrador (AMLO) de México perdió la presidencia de la República para Vicente Calderón por 0,28% de votos. AMLO nunca se conformó con el resultado, como tampoco fue una amenaza al Ejecutivo pues no tenía mayoría en el Congreso.

En Venezuela luego de la muerte de Hugo Chávez en las elecciones de 2013, El actual presidente Nicolás Maduro le ganó las elecciones a Henrique Capriles por 0,61% de votos. El resultado polarizó más el escenario político venezolano, y con ello la crisis que conocemos.

En Brasil, el candidato Aécio Neves del PSDB perdió la elección presidencial en 2014 para Dilma Rousseff del PT por 1,64% de votos, El candidato por acató, pero no aceptó el resultado, formando una alianza para derrocar a Dilma Rousseff por la via del impeachment y generando una crisis en el país.

En Perú, Keiko perdió la elección por 0,12%, el menor valor con el que un candidato ha perdido una elección. A diferencia de los ejemplos citados, los fujimoristas han reconocido la derrota, la han acatado y deberán aceptarla. Así, los escenarios en adelante no serán tan impredecibles. El escenario de ¨cuanto peor, mejor¨ sería un extremo donde todos pueden perder.

Es verdad, va a demorar que las heridas cicatricen, dado que la campaña fue agresiva de las dos partes. La ausencia de reflejos del fujimorismo, contribuyó a no neutralizar los ataques furibundos venidos de diversos sectores contra Keiko Fujimori.

El fujimorismo con sus 73 parlamentarios hacen parte del gobierno, aunque no exista un cogobierno formalmente en el Ejecutivo. Si bien, el Ejecutivo desarrolla la Política General de Gobierno, el Congreso tiene instrumentos de política importantes (de control, fiscalización  y de proceso decisorio) para implementar una agenda política de reformas urgentes para el país.

En las relaciones Ejecutivo-legislativo no habrá luna de miel, pero un escenario en que la oposición fujimorista busque la obstrucción de la política General del gobierno sería pésimo para el país.

Lejos de los agravios de diferenciación vertidos en la campaña, el fujimorismo y PPK, son más semejantes que diferentes.

La opción más sensata será aquella en la que el fujimorismo busque contraponer una correlación de fuerzas desde el legislativo. Pero será puntual, y puede que censure selectivamente algunos ministros pero no necesariamente a los gabinetes.

No colaborar puede significar inmadurez política del fujimorismo y una factura que la opinión pública le irá a pasar. Además de confrontarse otra vez contra los poderes fácticos venidos de los medios de comunicación y el poder empresarial los mismos que le podrán ser negativos en el futuro.

A cada error del gobierno, el fujimorismo buscará diferenciarse, y con ello contribuirá a diluir el ppkausismo, como una opción nula en las siguientes elecciones.

Cabe recordar que un escenario de oposición obstruccionista, sería negativo para todos, Si al presidente se le ocurre cerrar el congreso puede ser peor para él mismo, sobre todo por las impredecibles resultados que producen las elecciones. Si la oposición opta por un escenario colaboracionista, puede que la derecha electoralmente fragmentada, haya encontrado un natural consenso sin mayores amenazas al sistema.




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