Una campaña electoral atípica

Con la no confirmación preliminar de Guzmán por el JEE, la disputa electoral se torna algo más previsible, sin embargo, dada la situación de incerteza jurídica del candidato las encuestas más que nunca reflejarán en sus números la incerteza política de estas elecciones.

Pero, ¿Para donde se iría el voto de Guzmán?. El transvase de votos no es mecánico, caso Guzmán indique a apoyar a alguien. A partir del perfil de los juliolovers podemos decir que estos son básicamente anti-establishment. En el sector urbano estos votos migrarán a Alfredo Barnechea y a Verónika Mendoza, parte volverá a PPK, mientras que en el mundo rural es posible que este elector se encamine a Keiko Fujimori.

Es verdad una campaña jamás es igual a la otra, y esta campaña sin duda es atípica: pues esta se ha judicializado. Pasó del caso Ecoteva, a los narcoindultos y luego a las agendas de Nadine Heredia. Iniciado el año 2016, se pasó del plagio de Acuña para las cuestiones técnico-jurídicas sobre la admisión o no de la candidatura de Julio Guzmán, teniendo al JNE con un papel estelar nunca antes visto y que ha sido cuestionado.

Por un lado las encuestadoras y sus encuestas han jugado su papel, las mismas que tienen un margen muy grande para poder ordenar de acuerdo a su gusto e interés las preferencias de los electores, mientras que por otro la agenda de los medios de comunicación no ha sido la del proceso ni la de los candidatos.

La candidata Keiko Fujimori no consigue expandirse más allá de su electorado que es básicamente clientelista. Es más, los otros candidatos ni la cuestionan, una situación rara en campañas electorales. Pues se cree que el anti-voto se encargará naturalmente de acabar con las aspiraciones de la candidata.

Tanto Alfredo Barnechea como PPK están anclados en el modelo propositivo de campaña electoral anglosajona, con la diferencia de que Barnechea tiene un partido con historia y con ello algo más de densidad, una ideología definida, y sobre todo por que tiene un mayor potencial para saltar a otros segmentos del electorado. El límite de PPK es que siendo un buen candidato a sus casi 80 años hace que la gente dude de su capacidad de gobernar, se la ha pasado en el recreo implementando tal vez la peor estrategia de comunicación de esta campaña. El apoyo de Vargas Llosa viene a ser una especie de salvavidas a una candidatura que naufraga ante tantos abandonos y acusaciones de corrupción de su entorno y peleas internas.

Alan García a diferencia de otras épocas, esta vez no apela a la emoción, apela a la confrontación, saliendo de la defensa para el ataque, los resultados son positivos pero lentos. Alan es un candidato hábil y puede compensar su alto rechazo con ocupar el espacio dejado por Cesar Acuña, caso se confirme definitivamente la salida de este.

En este escenario fragmentado, Verónika Mendoza si bien tuvo un repentino repunte, parece no saber a donde ¨disparar¨ provocando más vulnerabilidades que aciertos. Más contradicciones que empatías. Otros candidatos como Alejandro Toledo ha dejado registro fugaz en esta elección, así como las candidaturas de Nano Guerra García y la de Urresti que peligran no pasarán la valla electoral.

En Perú, la política en el imaginario colectivo se construye con base a intuiciones no por el cálculo racional y con base a eso, la opción de un segmento importante de la ciudadanía es rechazar a todos los candidatos y apostar por cualquier candidato que tenga la mejor opción de derrotar a quien esta en primer lugar, sin olvidarse que el Perú no está para principiantes.




Lunes 14 de Marzo de 2016

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