Sobre Charlie HebdoSobre Charlie Hebdo

Desde París, Francia
Traducido por Eric Koechlin

Los tiroteos de Charlie Hebdo dejaron una huella nefasta en la Francia. El horror no proviene del número de muertes, pero más de la infracción de un cierto tipo de orgullo e idea. La problemática de los ataques no se refieren a la libertad de expresión, sino que realmente cuestionan la confianza francesa infundada en que París nunca podría ser un potencial lugar para los ataques terroristas de barbarie en la medida en que lo fue en Oslo, Estocolmo, Londres o Nueva York.

Francia lamentó. El mundo se lamentó. Y gritamos unos sobre otros tratando de averiguar quienes eran los más sufridos de esta atroz injusticia: la cultura francesa, la unidad francesa, la libertad de expresión, la seguridad europea, los judíos, los musulmanes, los policías ... Estos tiroteos son traumáticos. Fue traumático para los seres queridos de los fallecidos, pero también para aquellos que tienen menor voz y son los más vulnerables en la sociedad francesa: las mujeres de inmigrantes y/o de origen musulmán.

Nils Muižnieks, el comisionado del Consejo de Europa para los derechos humanos mostró en su informe que el 80% de los actos contra los musulmanes en Francia después de los ataques de Charlie Hebdo se llevan a cabo contra las mujeres. Esta estadística pone de relieve un problema serio e ignorado: las mujeres de origen inmigrante Islámica son los primeros objetivos y las mayores víctimas de xenofobia debido a los ataques de Charlie Hebdo. Las mujeres con alguna afiliación con el Islam son las más afectadas por el miedo, el terror, la incomprensión y el resentimiento. Este sentimiento de frustración francés —y tal vez incluso europeo— se infligió a estas mujeres simplemente por el facilismo: no van a hablar y no pueden hablar. A diferencia de los hombres, a ellas no se les permite luchar la injusticia. De hecho, no tienen medios de resistencia debido a su condición adicional de ser mujeres. Su papel en la sociedad es sólo una relación con la de sus hombres: putas musulmanes o esposas o amantes musulmanes terroristas... Las mujeres son símbolos y vectores de otra voz. Se han convertido en simples chivos expiatorios para el miedo increíble provocado por los disparos de Charlie Hebdo, les guste o no. La sociedad francesa proyecta esa imagen sobre ellas así sea de manera consciente o no. Su sufrimiento silencioso de agresiones repetidas es comprensible en el sentido de que si iban a protestar en forma alguna, serían consideradas traidores y ciudadanos ingratos de la gran nación francesa que tan amablemente les dieron la bienvenida. Ellas deben negar sus conexiones culturales con el fin de asimilar y sobrevivir. Estas mujeres se ven obligadas a elegir entre su cultura y sus hogares. Deben explicar al mundo por qué los hombres han hecho lo que han hecho, ¿por qué el Islam ha hecho lo que ha hecho. Tienen que justificar constantemente que son gente buena y normal. ¿Cómo podría ser aceptable para cualquier persona responder a tales preguntas tan tontas?

Después de los ataques de Charlie Hebdo, el odio contra las mujeres de origen musulmán sólo ha endurecido. De hecho, estos ataques sólo han enarbolado las lesiones que ya se les impusieron incluso antes de esta tragedia. Ahora hay una excusa y una justificación implícita para intimidar a estas mujeres. Nos pareció que las problemáticas legislaciones francesas contra el uso o exhibición de ciertos símbolos religiosos como el burka y el niqab eran una cosa del pasado, pero ahora hay chicas con faldas largas prohibidas de entrar en las escuela y las mujeres embarazadas que se cubren son asaltadas a plena luz del día sin ninguna cobertura nacional o disculpa en absoluto.

Hoy día, para conmemorar los ataques, casi cinco meses después, precisamente, hablo por las mujeres que no tienen voz.

Pido que repensemos nuestro enfoque a la seguridad y la unidad nacional. Nuestro representante musulmán en el gobierno francés, Rachida Dati, habló de mantener "el espíritu de unidad" después de los ataques. Nunca hubo un espíritu de unidad para empezar - sólo una división, la inclusión y la exclusión. Estas son palabras sin sentido y con el fin de luchar contra el terrorismo y el malestar general francés, tenemos que abordar la cuestión en su núcleo. Debemos hablar de la integración de la inmigración e incluir a la mayoría silenciosa en esta conversación. No puede haber una visión constructiva sin su colaboración. Los niños, los jóvenes, las mujeres y los propios inmigrantes necesitan ser escuchados, porque éste es también su futuro que esta en juego. También son víctimas de estos ataques. No por aprobar la Loi sur le Renseignement —un equivalente a la Ley Patriota Estadounidense (American Patriot Act)— es que vamos a resolver las amenazas a la seguridad nacional y el interés nacional. No estoy proponiendo nada radical. Simplemente pido que cambiemos nuestro paradigma de entender la libertad, la igualdad y la fraternidad.

 


 

On Charlie Hebdo

The Charlie Hebdo shootings left an ominous imprint on the France. The horror comes not from the number of deaths but more from the infringement of a certain type of pride and idea. The attacks do not concern freedom of speech but instead really question the unfounded French confidence that Paris could never be a place of barbaric terrorist attacks to the extent that it was in Oslo, Stockholm, London or New York.

France lamented. The world lamented. And we yelled over one another trying to figure out who was suffering the most from this atrocious injustice: French culture, French unity, freedom of speech, European security, the Jews, the Muslims, the cops… These shootings are traumatic. Traumatic for the loved ones of the deceased but also for those who are the most voiceless and the most vulnerable in French society: the women of immigrant and/or Muslim background.

Nils Muižnieks, the Council of Europe commissioner for human rights showed in his report that 80% of anti-Muslim acts in France after the Charlie Hebdo attacks are carried out against women. This statistic highlights a seriously ignored issue: the women of Islamic immigrant background are the first targets and victims of the mounting xenophobia due to the Charlie Hebdo attacks. Women with any affiliation with Islam are hit the hardest by fear, terror, incomprehension and resentment. This French, and maybe even European, feeling of frustration is inflicted upon these women simply because it is easy: they will not speak out and they cannot speak out. Unlike the men, they are not allowed to fight back injustice. In fact, they have no means of resisting because of their additional status as women. Their role in society is only a relation to that of their men: Muslim whores or Muslim wives or terrorist lovers… Women are symbols and vectors of another voice. They have become simple scapegoats for the incredible fear triggered by the Charlie Hebdo shootings whether they like it or not. French society projects that image onto them whether it is consciously or not. Their silent suffering of repeated aggressions is understandable in the sense that if they were to protest in any way, they would be considered traitors and ungrateful citizens of the great French nation that has so kindly welcomed them. They must deny their cultural connections in order to assimilate and survive. These women are forced to choose between their culture and their homes. They must explain to the world why the men have done what they have done, why Islam has done what it has done. They must constantly justify that they are good people and normal people. How can it be acceptable for anyone to answer such foolish questions?

After the Charlie Hebdo attacks, hatred against women of Muslim background has only hardened. In fact, these attacks have only emphasized the injuries that were already imposed on them before this tragedy even happened. Now there is an excuse and an implicit justification for bullying these women. We thought the problematic French legislations against the wearing or displaying of certain religious symbols like the burqa and the niqab were a thing from the past but now you have girls wearing long skirts banned from school and pregnant women who cover assaulted in broad daylight with no national coverage or apology at all. 

Today, to commemorate attacks almost five months later, I speak out for the women who have no voice. 

I ask that we rethink our approach to security and national unity. Our token Muslim representative in the French government, Rachida Dati talked about keeping “the spirit of unity” after the attacks. There was never a spirit of unity to begin with – only one of division, inclusion and exclusion. These are meaningless words and in order to fight back terrorism and the general French malaise, we need to address the issue at its core. Let’s talk about immigration integration and include the silent majority in this conversation. There can be no constructive vision without their input. The children, the youth, the women and the immigrants themselves need to be heard because this is also their future we are playing with. They are victims of these attacks also. It is not by approving la loi sur le renseignement, an equivalent to the American Patriot Act, that we will solve the threats to national security and national interest. I am not proposing anything radical. I merely ask that we change our paradigm of understanding liberty, equality and brotherhood.