¿Hasta cuándo Qali Warma?

Uno de los programas emblemas del gobierno vuelve a hacer noticia. Desde hace algún tiempo la prensa ya no informaba de denuncias relacionadas a casos de intoxicaciones de niños, hallazgos de alimentos en mal estado  o recorte de raciones, y sería grato decir que se debe a que el programa se reestructuró y hoy funciona mejor; sin embargo, la incómoda explicación es que no está cumpliendo con la entrega de desayunos y almuerzos a escolares en muchas regiones del país, a pesar de que las clases en los colegios comenzaron hace más de dos meses. La directora del programa, Mónica Moreno, informó a los medios que el retardo se debía a que no se han presentado proveedores a las convocatorias realizadas, por lo que no habría a quienes adjudicarle el servicio de entrega de alimentos, e instó a “tener paciencia”.

Pero paciencia es lo que ya se les acabó a los padres de familia de los menores afectados, que vienen canalizando sus protestas a través de la Confederación Nacional de Asociaciones de Padres de Familia. Ante este panorama cabe hacernos la siguiente pregunta: ¿Cómo se llega al punto de que un programa social que cuenta con más presupuesto que cuatro ministerios juntos (Cultura, Mujer y Poblaciones Vulnerables, Trabajo y Promoción del Empleo; y Comercio Exterior) genere tanta insatisfacción entre la población? Un presupuesto tan grande como el de Qali Warma, que asciende a s/ 1’ 427 499 110 (Mil cuatrocientos veintisiete millones cuatrocientos noventa y nueve ciento diez soles), no se ha traducido en bienestar para la población infantil a la que debe asistir. Es evidente que no se trata de recursos limitados, sino de ineficiencia en el gasto  y un sabor a ensañamiento con la salud de los más vulnerables, que de menú hoy tienen anemia, desnutrición y con todo ello un daño irreparable que afecta su desarrollo físico y cognitivo.

Desde que se implementaron los programas sociales del MIDIS se ha producido un lamentable retroceso en la lucha contra la desnutrición y la anemia, que se venían reduciendo significativamente hasta el 2011. El PRONAA fue reemplazado por  Qali Warma, aunque este último tiene el cuádruple de presupuesto y medio millón de beneficiarios menos; además cada ración tiene un costo que se multiplicó elevándose  de s/.0.31 a s/1.20, contrario a los resultados que se esperaría de esto, las cifras demuestran que incrementó la anemia infantil en casi 5% respecto del 2011 y la desnutrición aguda en 0,2% (ENDES – 2014).  Destinar más recursos a un fin en nombre de la inclusión, con pésimos resultados que agravian la exclusión de quienes no tienen voz, no es antojo político que se deba aceptar.

Una pregunta funcionarios del MIDIS - que ya han gastado  millón de soles en boletos aéreos  y varios millones más en planillas - cuando sus hijos les dicen que tienen hambre ¿también les responden que tengan paciencia? Más de siete millones de niños peruanos merecen una mejor respuesta; así como merecen un gobierno que trascienda el inmediatismo de la propaganda política y la mediocridad, que hoy sin culpa y con descaro amenazan el futuro de nuestra nación.




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