Llena eres de desgracia y el Estado no está contigo

A María nadie le preguntó si quería ser madre y como a pesar de eso continuó con el embarazo, los cristianos piensan que todas deberíamos hacer lo mismo. Que un embarazo signifique “bendición” especialmente si es producto de agresión sexual, es una elección que se debe ejercer con autonomía en un país con libertad de culto. Primero nos violan, luego la iglesia y la infamia de una sociedad machista nos presume responsables, finalmente el Estado prolonga la violencia obligándonos a ser madres o no serlo a costa de arriesgar nuestras vidas con un aborto clandestino. La única que debería decidir sobre su cuerpo nunca lo hace y en medio de tanta desgracia el Estado se declara también enemigo.

Las leyes peruanas castigan con cárcel el aborto, tanto a la gestante como al profesional que lo asiste, a este último además de la cárcel se le sanciona con la inhabilitación para ejercer su profesión y privación de los títulos o distinciones que le correspondan. Esto genera que las mujeres se induzcan abortos de manera clandestina en condiciones a veces  insalubres y en manos de personas que no cuentan con la capacitación adecuada. El Organismo Mundial de Salud informa que cada año se realizan aproximadamente 21.6 millones de abortos inseguros en el mundo, el 86% se realiza en países en desarrollo y causó la muerte de 47 000 mujeres en el 2008; Latinoamérica y África pese a sus legislaciones restrictivas, son las regiones que encabezan los índices de abortos a nivel mundial, casi todos realizan de manera insegura, no es de sorprender entonces que en Latinoamérica sea el causal del 13% de muertes maternas.

 Que el discurso eclesiástico de defensa de la vida y la familia ha plagado nuestras leyes de iniquidad se ejemplifica en el Artículo 120 del Código Penal: “El aborto será reprimido con pena privativa de libertad no mayor de tres meses [en vez de dos años]: 1. Cuando el embarazo sea consecuencia de violación sexual fuera de matrimonio o inseminación artificial no consentida y ocurrida fuera de matrimonio, siempre que los hechos hubieren sido denunciados o investigados, cuando menos policialmente.”. Esta expresa aclaración de que la violación tiene que ser “fuera del matrimonio” para que la pena por abortar sea menor, sigue la lógica de que la interrupción del embarazo que surge en el seno del matrimonio es todavía más condenable, ya que el propósito del sagrado sacramento es tener hijos, no importa si es consecuencia de un abuso sexual.

La ignominia adquiere diversas formas y se extiende por todo el mundo, a veces somos botín de guerra del Estado Islámico en Iraq, a veces somos violadas sistemáticamente como forma de pago a combatientes en medio de una guerra civil en Sudán del Sur y otras veces las reformas emancipadoras que hemos alcanzado retroceden ante el cambio de un régimen como en Arabia Saudita. Toda forma de opresión desde las más graves y las que menos lo aparentan - enmascaradas de moral y valores religiosos - como la negativa a la despenalización del aborto, deben ser rechazadas, por ello es necesario erigir constituciones y leyes que garanticen la libertad y la igualdad sin atender argumentos que legitiman groseramente el patriarcado y que en última instancia deben limitarse al gobierno de sus fieles;  la humanidad no debe desperdiciar la oportunidad de apartar a la mujer del papel subordinado que se le ha otorgado a lo largo de la historia. ¡Hágase nuestra voluntad!




Miercoles 14 de Octubre de 2015

Son ampliamente conocidas las limitaciones que el Ministerio de Cultura tiene para una eficiente gestión del patrimonio cultural del país,...