EL DOLOROSO Y NECESARIO PROCESO DE ASEPSIA NACIONAL

La corrupción lo invadió todo o casi todo, en el ámbito privado y el público, no en los últimos años, fue hace mucho tiempo, aún antes de la fundación de la república; allí están los nombres de quienes aprovechando posiciones de cercanía con el poder o mostrando su fortaleza económica, no escatimaron en los métodos para conseguir los primeros millones o incrementar los que ya tenían. Los nombres de encumbrados señores de la sociedad peruana, ministros de Estado, militares, funcionarios y empresarios ya tenían sus mañas, seguramente ejercidas con artera discreción o convenido disimulo, pero en el fondo eran malas artes, trampa y ventaja.

No es grato mencionar los nombres de quienes aparecen envueltos en actos de corrupción a lo largo de nuestra historia, porque los corruptos de ayer y los de hoy tienen descendientes, familia que no es responsable de los actos de algunos de sus parientes.

Es recomendable y obligatoria la lectura sobre la “Historia de la Corrupción en el Perú” de Alfonso Quiroz, quien echando mano de información existente en los diarios de la época, en el diario de los debates del Congreso y, lo más vergonzoso, en los archivos de la Secretaría de Estado de los Estados Unidos de América y en los de los ministerios de Exteriores de Gran Bretaña y España, recogía con detalle los nombres de los corruptos y corruptores, sus métodos de saqueo del erario, la estafa, la colusión y, hasta el monto de los sobornos exigidos.

Muchas fortunas se han amasado sobre la comisión de actos delictivos: expulsando con amenazas a los españoles que juraron la independencia del Perú para luego apropiarse de los bienes que abandonaban en su huida, inventando o falsificando bonos por préstamos o aportes hechos para la guerra de independencia o para sostener la guerra con Chile, acordando contratos lesivos con el Estado y contra el país, exigiendo ilegales comisiones para adjudicarse obras públicas, comprando millones de dólares del narcotráfico en el Huallaga para aumentar el patrimonio de sus bancos, introduciendo mercancías de contrabando o subvaluadas, exportando piedras para cobrar beneficios tributarios o adjudicándose tierras del Estado o de privados sin ningún rubor, entre otras modalidades.

Los delincuentes de ayer, pusieron sus reglas en los últimos años, todo el que no pueda justificar el origen de su patrimonio está incurso en el delito de lavado de activos y perderá su patrimonio, así eliminan a los emprendedores para no perder su mercado. Unas cuantas familias tienen el control de la economía en el Perú, abarcan todas las actividades económicas: pesca, minería, agricultura, finanzas, medios de comunicación, seguros, AFPs, EPSs, constructoras, aerolíneas, puertos y aeropuertos. La lista es tan larga, que nos quedamos cortos.

Pero de la mano de quienes cometen actos de corrupción están políticos, periodistas, abogados y estudios de abogados, árbitros, lobistas, autoridades de los tres niveles de gobierno, policías, fiscales, jueces, magistrados y también muchos ciudadanos. La sociedad y el Estado están infectadas con el virus de la corrupción, por eso es necesaria una asepsia profunda y radical para que no muera nuestro país. Y que, en ese sentido, vemos en los últimos días, que se están dando pasos importantes desde la fiscalía y el Poder Judicial, así también, esperemos que lo mismo se haga desde el Parlamento y el Poder Ejecutivo, desde la prensa y la sociedad civil.

Tenemos que derrotar la corrupción para que no le siga robando a los peruanos el desarrollo, el progreso y el futuro; tenemos que derrotar la corrupción para que no nos quiten la esperanza de construir y vivir en una mejor sociedad, en un país con igualdad de derechos y obligaciones, en el que se aplique la ley de forma igual para todos.

 

Edgardo De Pomar. 

 




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