Belaunde se fugó, Nadine lo permitió

Nunca tuvimos Fe en Nadine, Ollanta o Belaunde. Digo, nunca tuvimos fe en su honestidad. La película del gobierno conyugal debió empezar por el final para los que votaron por ellos. Recuerdo bien los tuits de pocos diciendo que este gobierno sería la improvisación total. No nos hicieron caso. Claro, tampoco la segunda opción era muy buena, pero nos referimos a los que votaron alegres, confiados, diciendo que este gobierno incluiría a todos.

Al final solo han terminado incluyendo a sus socios, sus familiares o sus amigos. Todos los que financiaron la aventura del gobierno conyugal se han visto beneficiados en silencio. Contratos, concesiones. Millonarios, además. Desde un inicio se sabía y comentaba la influencia del prófugo amigo conyugal. En Madre de Dios, en Ancash, en varios sitios del país se sabía que quien decía quien ganaba o no las licitaciones era el Socio Conyugal, hoy prófugo.

Eran días felices. Días en los que con una sola llamada se decidía quien era gerente de una región, ganador de una obra y etc. ¿en qué momento se decidió apoyar a los amigos y socios antes que al pueblo? Pero si hay alguien que ha sido determinante para que Belaunde Lossio escape del país, es Nadine Heredia. Por acción o inacción, por complicidad o por lo que fuere.

Sus alfiles conyugales fueron los que se esmeraron, primero, en minimizar el caso de tráfico de influencias, y después, de incomodar a quien investigue o cuestione la lentitud para investigar lo que a todas luces, no solo huele feo, sino también, se ve feo. Primero fue Ana Jara, dramatizando todo, como siempre. Poniendo las cosas al nivel de un drama hindú. Luego los congresistas nacionalistas, sobre todo el vocero de la bancada.

Un felpudo conyugal de la peor estofa. Y no podía faltar en esta galería de personajes fanáticos de Nadine, Daniel Urresti. Quizás el peor de todos. Juro, prometió e hizo de todo lo relacionado a Martin Belaunde, un show. Lo dejo escapar de lima, lo dejo escapar del Perú. Urresti dejó escapar por la frontera lo último de dignidad que le quedaba a este gobierno. Fugo la ilusión de los votantes que eligieron a Humala, pero no a Nadine. Fugo por la frontera la esperanza de los reservistas que arengaban revueltas en nombre de Ollanta. Fugo la ingenuidad de quienes jugaron, siendo más tontos útiles que otra cosa, a darle cuerda al polo rojo.

Y por último, fugo la garantía de Mario Vargas Llosa. La que aseguraba que la economía se mantendría igual, que no habría una gota de corrupción, que no hablaría con sus enemigos políticos y que la honestidad haría la diferencia. Si, Martin Belaunde no fugo solo. Se llevó consigo todo lo poco que pegaba al gobierno conyugal al respeto ciudadano. Es posible que se haya llevado un par de libros de Mario Vargas, una foto de Nadine, una banda de Humala, un contrato de Alexis y una corbata de Don Isaac. Nos conformamos con que devuelva los varios millones que tiene demás, por cosas nada santas y un arranque de honestidad diga todo lo que sabe. No va a pasar. Mi ingenuidad ya se parece a la de Claudia Cisneros.

 




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