El fracaso de la Megacomisión

Lo que no inhabilita el pueblo, no puede inhabilitar el odio

Hemos asistido durante 4 años a un espectáculo digno de una dictadura polpotiana. La más inmisericorde persecución al rival político. Hecha a medida, la Mega Comisión tuvo la misma misión que Montesinos en los 90s contra Alan García, despedazarlo para que nunca más vuelva a postular. Que ante la torpeza del gobierno y sus operadores parezca broma y genere burla general esta Mega Comisión, no debe hacer que perdamos de vista su innoble y subalterno fin.

Desde el año 2000 han pasado 11 años de democracia y aunque tuvieron sus altas y bajas, nos estábamos acostumbrando a una confrontación política sin artes montesinistas. Llego el 2011 y casi inmediatamente se buscaron objetivos políticos a demoler. No hay que ser militante aprista o fan de Alan García para saber que este gobierno ha tenido una obsesión Hooveriana con el dos veces Presidente de la Republica. Como antes fueron Fujimori y Montesinos, ahora Humala y un ex ministro acusado de asesinato, se han propuesto, cada vez con menos éxito, acabar con el APRA tratando de eliminar a su líder.

Los actores de reparto de la Mega Comisión han cumplido un rol tan penoso que, algunos, abandonaron el barco nacionalista antes que se hunda en la vergüenza de aceptar lo que siempre sostuvo Alan García: que sus bienes y gastos estaban cubiertos por sus ingresos netos. Sin embargo, y contradiciendo lo que su informe dice, el operador de la Mega Comisión sigue intentando quedar en la historia, no por su trabajo, no por sus proyectos de ley, no por su trabajo con los más pobres; lo intenta queriendo cumplir el sueño de quienes, en las urnas, no le pueden ganar a Alan García. Después de 4 años, dos millones de soles, cientos de horas en televisión y un informe final que desmiente a quienes impulsaron esta persecución, el nacionalismo se da cuenta que para perseguir políticos de manera eficiente, no han sido hechos. No podemos dejar de mencionar el informe “Alex”, otro intento de remedar a Montesinos sin más suerte que un grupo de agentes buscando trepar paredes y orientar antenas en busca de oír algo “comprometedor”.

Lo que queda, después de 4 años de persecución por intermedio de la Mega Comisión, es un crecimiento de menos de 2% en enero de este año, exportaciones caídas, inseguridad galopante, paros con saqueos en el interior, el apoyo silencioso a Maduro y sus asesinatos, la peor bancada oficialista de la historia, mil diálogos sin sinceridad ni objetivos claros, varios primeros ministros magullados por su propio jefe (o jefa), cada vez más casos de corrupción, Martin Belaunde fugado y retando a todo el mundo, y un ex ministro del interior acusado de asesinato como carta principal para el 2016 de un partido sin cuadros ni rumbo.

Más allá de lo que pase hoy en el congreso hay algo claro: Lo que no inhabilita el pueblo con su cariño y sus sonrisas, no lo va a inhabilitar el odio de quienes no quieren al Perú, sino solo quieren el poder para servirse. La habilitación del pueblo viene cada vez que prende la luz, abre el caño, recorre la carretera y mira su título pensando que el 2016 puede estar todo mejor, de nuevo. Esas obras las hizo Alan García, no una Mega Comisión.

@primerafuente1




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