La amistad es basura

Sobre la amistad hay tanto por decir que, aun estando lejos de todos los que quiero aquí en Moquegua, me he detenido un rato para relatar algún par de cosas, algún par de anécdotas, algún par de razones, para creer que la amistad, es una basura. Creo, sin temor a equivocarme que la amistad es la cosa más traicionable, si acaso existe esta palabra, de la vida. Desde pequeños vemos como la amistad se desinfla como la pelota que te pincha el vecino de cara amable, o cuando en la tienda, el flaco que atiende te dice que faltan 10 centavos para tu gaseosa, “pero si somos patas, te traigo después”. Nada convence al bodeguero porque la amistad no tiene precio y si no tiene precio pues no vale ni 10 céntimos. Aún más atrás, cuando estamos entre los 3 y los 5 y aun no salimos ni a la tienda. No me van a decir que la amistad es pura y buena, si se restringe a prestar juguetes y devolverlos rotos, mascados, o a no devolverlos nunca. Esas peleas de nenes terminan, muchísimas veces, en dejadas de hablar entre amables mamis. Lo he visto mil veces -“mi hijo es incapaz de llevarse algo que no es suyo”- ¿y como sabe eso la mami? “lo he criado bien…” dicen las fieras mamis biberon en ristre. Son una estafa. Los nenes se llevan lo que ven, mascan lo que les da la gana. Y si el otro nene lo ve haciendo eso, el culpable se llena mas de orgullo y satisfacción.

La amistad, seamos sinceros, va y viene según quien la define. Y si estamos en una sociedad que no tiene definido de dónde viene y hacia donde va ¿de donde rábanos puede salir una buena definición de amistad?. Hay definiciones grupales de amistad, si. Vale decir, a todos nos gusta el futbol, somos patas. Patas de fútbol, pero de ahi se va dividiendo la amistad. Unos la siguen, se van de chelas; y otros se van a su casa, más tranquilos. La cerveza divide lo que el fútbol une, si. Pero la cerveza vuelve más fuerte la amistad futbolera. No hablo de muñecas porque las benditas son un instrumento demoníaco, casi tanto como un furby pero sin pilas ni accesorios. He sabido de “niñas” como de 39 años que siguen teniendo Barbies sin abrir desde que tenían 9. No les bastó la enemistad galopante, por no prestar sus juguetes con pelo de chancho, sino que, no contentas, los guardaron para mirarlas y sentir el placer de ver las caras de las amigas lacrimógenas implorando por jugar con alguna de ellas.

Amigos míos, la amistad es para locos. Hay que estar loco para seguir siendo amigo de quienes nos traicionan cada media hora, de los que siempre estan quejandose de nuestra forma de ser. No, no entiendo porque tenemos que seguir siendo amigos de gente que, si acaso es gente, nos juzga cada día como el más implacable troll del tuiter. La amistad es una basura, creanlo. Pero, y para finalizar, solo los locos y los borrachos son felices en este infecto planeta lleno de gente normal, y como dicen que “solo los locos buscan en la basura su alimento”, yo busco alimento para el alma en la basura de la amistad. Porque hasta en el  sitio circunstancia más sucia y deprimente, ahí, en la basura, puede estar esperando el mejor amigo de la vida.

 




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