No al espionaje ¿Y a la cortina de humo? Tampoco

Existen variadas explicaciones sobre el tema del espionaje chileno al Perú. No estamos hablando del porqué del espionaje, ese tema está claro. Hablamos más bien del tratamiento que le ha dado el gobierno nacionalista a este tema. Semanas antes del destape ya se comentaba, off de record por supuesto, que la cúpula de palacio estaba preocupada por los escándalos del hermano de la primera dama y los destapes, que cada fin de semana, difundían los dominicales. Ante esto, y al parecer aprendiendo de Velasco, ídolo y héroe del etnocacerismo familiar humalista, tensionar las relaciones con chile, habrían pensado, siempre funciona como motivo de cohesión y para cerrar filas.

No está en discusión la condena al espionaje, es clara la condena de parte de todos los peruanos. Lo que está en discusión, así lo han planteado ex cancilleres, es la reacción del gobierno humalista ante este tema. Se supo en las últimas 48 horas que, y en coincidencia con Abugattas, el gobierno estaría pensando en romper relaciones con Chile. Exagerada, chauvinista y excesiva son algunas de las palabras que, quienes critican la reacción humalista al tema del espionaje, han usado para describir un cierra filas, en nuestra modesta opinión fingida y forzada y que además tendría solo una intención, polarizar el país entre quienes “están con el Perú y quienes están en contra”. Un cuento viejo y más peruano que chino.

Hay varios sectores, algunos por anti chilenismo militante y otros por simple cálculo, que apoyan las destempladas reacciones de palacio y el Tarud peruano, Abugattas. El gobierno la tiene clara: Alimentemos el nacionalismo histérico y tapemos los escándalos dominicales y la baja en las encuestas y sigamos exponiendo a Urresti en los medios con frases para la caricatura del día siguiente. Mientras tanto, y sin que les importe mucho el tema del espionaje, la gente de a pie sigue sufriendo la parálisis económica y la inseguridad, temas que no son prioridad para los Humala/Heredia, pero que, más aun en tiempo de útiles y pensiones, aprieta al grueso de la población. ¿Será que desde la comodidad de un sueldo de Presidente hay más tiempo para jugar a Montesinos y sus psicosociales noventeros?

El personaje más perjudicado con esta maniobra de distracción palaciega es nuestro canciller Gonzalo Gutiérrez. De las pocas personalidades rescatables de un gabinete que no sabemos si llama Jara o Heredia, Gutiérrez era garantía de profesionalismo y experiencia en Torre Tagle. Hoy, y por arte de magia Humalista, un gran canciller se ve atrapado entre las declaraciones de su Presidente y un Abugattas desbocado. No sabemos, suponemos, como vaya a terminar todo el caso del espionaje chilleno. Pero podemos suponer que el canciller debe estar pensando cómo poner a salvo su prestigio, el del país y la cancillería peruana, todo al mismo tiempo y sin que le digan anti peruano o marioneta de palacio. Le deseamos muy buena suerte canciller, por el Perú, por Usted y por Torre Tagle. 




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