PPK, el pobre niño rico de la política peruana

Un sábado soleado de marzo del 2011, PPK, dejo en claro cuál era su condición respecto del resto, o de la mayoría, de peruanos: “Sí, soy millonario, pero actualmente esto no significa gran cosa”.

Mucha agua ha corrido desde ese día para el candidato con doble nacionalidad, y al parecer, doble personalidad. Pero sigamos leyendo algunas frases más del candidato millonario: “Bueno sí (soy millonario), pero ha habido mucha inflación en el mundo y ser millonario ya no significa gran cosa...” Ya el 2011, año en que soltó la frase, se dejaba ver como su desconexión con la realidad peruana más evidente y común, para él, la clase media limeña, era y es clamorosa. Mientras para el peruano común, el que sale 5 de la mañana y regresa 8 de la noche a su casa, es un sueño familiar tener una economía que le permita ciertos lujos, al candidato millonario solo lo afectaría una crisis global. Una lejanía exagerada como sus millones y exótica como sus alianzas.

Hay más frases: “Si pierdo las elecciones cruzaré la calle y me iré a mi despacho a trabajar para hacer inversiones o asesoría extranjeras, ellos seguirán siendo políticos”. Se queja constantemente que lo tilden de extranjero, de frio o de poco sensible, esta frase reafirma todo lo anterior. Evidencia su desprecio por la política y los políticos, pero se muere por hacer política apoyado, solamente, en sus millones acumulados en 50 años. Millones que no sirvieron de mucho por lo visto. Todos podemos recordar cómo, cuando el “sancochado millonario” llego al congreso, se desbanco. Una bancarrota política que no se pudo amalgamar con los millones de Pedro Pablo, pero que supo capitalizar alguien con menos elegancia, dirían los asesores de imagen, pero con más maña, Cesar Acuña. En resumen, todos los millones solo sirvieron para verter en la política a un personaje siniestro y con pocos escrúpulos como Acuña.

Pero no solo sus frases, sino también sus acciones, han tenido consecuencias funestas en la política peruana. Solo siendo ministro, y amigo elegido en el gobierno de Alejandro Toledo hizo gala de su nulo olfato político provocando el “Arequipazo” en el 2002. Cuando quiere algo, como dice el dicho pero al revés, no lo consigue. Sus millones le han servido para alquilar cuyes, pero no para formar un partido político y menos una propuesta que una al país.

Una de las ultimas frases de Pedro Pablo fue: “Metí la pata. No había leído la ley sobre régimen laboral juvenil”. Para confirmar que los años mejoran el vino pero no a un candidato millonario, este se lanzó con esta frase al verse perdido entre tanta marcha y tanto joven en las calles. La cereza en el cupcake de PPK es Favre. Es posible que Pedro Pablo haya pensado “Si hizo presidente a Ollanta y alcaldesa a Susana, me puede hacer presidente a mí...” Le alcanzaron los millones para ser ministro y candidato. ¿Le alcanzaran los millones para ser presidente o los peruanos también queremos propuestas y planes? 




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