Pacto infame: El segundo golpe de Alberto Kenya.

En política la forma es el fondo; algunas voces eran flexibles con la idea de que se le otorgue el indulto a Alberto Fujimori si se reunían las condiciones de enfermedad terminal. Estoy convencido que muchos hubieran sido partidarios de ser flexibles con las mencionadas condiciones. Hablamos por supuesto de gente neutral, no de individuos dominados por el odio irracional, como aquellos a los que Hugo Neira ha definido con genialidad: “El partido del odio”. Finalmente el dictador ya está en los 80 años y su salud no es la mejor. Igual que Armando Villanueva, el viejo patriarca aprista, yo creía que no era pertinente que muera en la cárcel, como sucedió con Augusto B. Leguía.  Eso que pudo ser una progresiva maduración ciudadana y una reflexión colectiva que podía ir quebrando resistencias y quizás implementarse en los siguientes meses en un ambiente más propicio Kuczynski lo ha convertido en un burdo e infame pacto desesperado entre aquel que no quiso ir a prisión ni ser vacado y otro que quiso liberarse a toda costa. Es en buena cuenta el encuentro putrefacto de dos expresiones de la antipolítica: el tecnócrata banquero al que sus tropelías lo iban a llevar al despeñadero y el ex golpista que prácticamente huyo de la reclusión por la fuerza de sus 10 votos –usados como mercancía-  en el parlamento. ¿El Perú?, no importa, ninguno representa un Partido, una ideología, un programa, solo la satisfacción de intereses de grupo o de un clan familiar, en el que parece que poco a poco no es tan bien vista la hija. 

Este pacto infame puede bien calificarse como el segundo golpe de Alberto Kenya Fujimori, ya que interfiere directamente en un proceso político como el pedido de vacancia presidencial de PPK en el que se discutía sobre la capacidad moral del mandatario por sus entripados con empresas suyas o a las que prestó servicios mientras era Ministro y Premier y que las mismas daban servicios de asesorías a Odebrecht, mientras ésta simultáneamente contrataba con el Estado; cuestión que el Presidente había negado en todos los idiomas. Pues bien, se aprovecha esta ventana para implementar la oferta de votos que no hubieran permitido llegar a los 87 requeridos de parte del aquel entonces recluido Fujimori Fujimori. Entra a tallar en un evento político y lo convierte en un trueque lumpenesco propio de dos rufianes, cogen un mecanismo constitucional y lo bastardean con su blindaje común de impunidad. Cuentan para esto con la "ingenuidad" o complicidad de la izquierda Mendocista-Villaranista y de algunos "sorprendidos" con el indulto dentro de la misma bancada de Gobierno, hoy renunciantes. El indulto profundiza además la percepción de incoherencia de la izquierda criolla, lo.cuál tampoco es bueno, aunque siempre sostengo que el Perú se merece otra izquierda marxista orgánica y no la banda impresentable que en su mayoría ahora son, sobre todo la limeña. 

Nos guste o no Fuerza Popular es un Partido Político, como también lo es Frente Amplio o Acción Popular; lo que Alberto Kenya hizo –además- fue destruir la unidad del movimiento que preside su hija, reeditando una suerte de transfuguismo reloeded, todo por el único y exclusivo objetivo de escapar de prisión. No veo en eso nada de que alegrarse a los que nos consideramos adversarios de Fuerza Popular o de cualquier otra organización, porque creemos principistamente en el fortalecimiento de los partidos y no en su destrucción. 

Las instituciones han quedado sentidas por este segundo golpe del “chino”, han tenido que soportar la canallada de haber salvado a un incapaz moral con una gran inmoralidad.
 
Es cierto que una ligera mayoría nacional está de acuerdo, hay que tomar nota de eso, pero no magnificar , ya que el 92 aplaudieron estruendosamente el cierre del Congreso muchos más y hoy aplaudirian sin más la destitución de todo el Poder Judicial, la Policía Nacional y seguramente también el Parlamento y la Presidencia de la República quizás un número mayor de los que aprueban el indulto (56% según IPSOS).

Asi como existen reglas y grandes consensos que se estipulan al amparo de una carta magna y esas lógicas deben respetarse al margen del coyuntural ánimo popular, también existen sentidos comunes en la política que dan cuenta de lo acertada o no de una decisión; ese complejo "timing" político que el Presidente aún en ejercicio desconoce groseramente y en ocasiones pareciera despreciar. Estas 2 reglas aplican a ambos extremos: las marchas no podrán revertir la decisión de Kuczynski, pues es su facultad constitucional y por otro lado aún así la medida tenga respaldo popular no significará que no se haya perpetrado una inmoralidad y torpeza política, de la que difícilmente la salud del régimen podrá curarse.
 




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