El Sueño Cubano

El otro lado de la liberalización económica y política

La semana pasada (29 de mayo) los Estados Unidos retiró oficialmente a Cuba de la lista de regímenes criminales patrocinadores del terrorismo. Esto no solo representa el fin de uno de los últimos rezagos de la guerra fría, si no que simboliza el final de una era cubana marcada por las sanciones financieras y la inhabilitación de actividades diplomáticas. Muchos ven un escenario prometedor, ¿pero no es lo suficientemente pronto como para hablar de un milagro cubano?

Día a día los cubanos ven más estadounidenses bañándose en su playas caribeñas o caminando por las anacrónicas calles habaneras. Emility Morris del Banco Interamericano de Desarrollo estima que gracias al flujo de visitantes estadounidenses el turismo incrementará 17%, impulsando las divisas a $500 millones (1% del PBI). Del mismo modo, los cubanos ven la aparición de empresas estadounidenses como Airbnb, Netflix e IDT International que ya empezaron a ocupar los mercados libres de los monopolios estatales.

Por ese y otros motivos personajes como Jorge Domínguez, el destacado politólogo cubano de Harvard, confían en que Cuba puede ser la Singapur del Caribe. La realidad singapurense fue completamente distinta. No solo porque su denominado milagro económico tiene como partida la década de los 60s —cuando la liberalización económica y la globalización aún eran temas ajenos a muchas economías—, si no porque Singapur es un país que basa su economía en el comercio (presenta el mayor comercio como porcentaje del PBI en el mundo). A diferencia de Singapur, Cuba es un país que por más de medio siglo a vivido relativamente apartada del comercio mundial con reglas de juego regulatorias muy distintas, lo cual podría resultar devastador.

El diario británico The Economist ha expresado como necesidad que el Estado no debe contribuir a una rápida liberalización de las actividades económicas, incluyendo profesiones como la educación y la medicina. Las consecuencias pueden ser nefastas ya que podría conducir al deterioro de las pocas metas logradas del comunismo cubano: educación y salud publica y gratuita, y el bienestar.

La liberalización económica en un país donde los precios, sobre todo los del capital humano, son tan bajos (un médico gana $60 mensuales), si se llevase a cabo sin una regulación adecuada podría traer condiciones nefastas. En una situación como esa, los sueldos podrían no aumentar progresivamente, por lo cual los trabajadores se pueden ver obligados a trabajar a cambio de sueldos que no les proveen las ganancias suficientes para afrontar los gastos que exige la oferta de bienes y servicios en libre mercado —cierta similitud se puede ver en algunos países africanos. En otras palabras, si un medico en el sector privado que llega a triplicar su sueldo ($180 mensuales) aún no tendría el capital suficiente para adquirir tecnologías o capitales adecuados al precio del libre mercado para poder atender a sus pacientes o hacer una inversión si no reciben ningún subsidio del Estado.

Otro problema económico que Cuba tendrá que enfrentar al modernizar su economía será el de unificar sus dos monedas para el 2016 según a informado Raúl Castro. En Cuba existe el CUC (peso convertible cubano) y el peso cubano. El CUC, con un valor similar al del dólar, sirve para flujos de turismo, remesas y en el sector privado. El tipo de cambio entre el CUC y el peso es de 1:24. La unificación puede tener consecuencias devastadoras ya que existe un tipo de cambio paralelo que se utiliza en la contabilidad de las empresas de propiedad estatal y las empresas conjuntas extranjeras (1:1 entre el peso cubano y el CUC). Según The Economist dejar el CUC por el peso traería una devaluación del 96% llevando a empresas estatales a la bancarrota.

Por el otro lado está la liberación política. Los comunistas cubanos temen ser erradicados de su posición política, como sucedió con muchos políticos y partidos comunistas en el pasado, lo que puede llevar a una liberación económica pero no política —similar al caso Chino. El otro escenario podría ser una liberalización política y económica improvisada —como lo fue el desastre económico de la Rusia de Boris Yeltsin en los 90s, que resultó en una privatización monopólica que lo único que hizo fue cambiar de dueños a las empresas estatales, y como consecuencia del desastre liberal, años más tarde los rusos instauraron en el poder a un ex KGP que amalgamó elementos dictatoriales y capitalistas a través de viejas tácticas soviéticas.

Los verdaderos liberales cubanos deben enarbolar la lucha por las libertades, pero debe ser una transición gradual dada su larga historia como una burocrática administración estatista. La concepción del liberalismo cubano no debe ser sesgado por los rezagos ideológicos del anti-imperialismo ni tampoco debe ser visto como ideales únicamente económicos o políticos, deben ver al liberalismo en términos filosófico-morales. Sólo así, y gradualmente, las libertades económicas y políticas podrán ser establecidas. De no ser el caso la única cuba libre que veremos será servida como un cóctel en los resorts en Varadero.




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