La suerte del Outsider de Julio Guzmán

En un país tan ancho y ajeno, doliente y riente, donde diferentes realidades compenetran y discrepan yuxtaponiendo diversos escenarios con distintos intereses electorales, la suerte del outsider no es más que un producto de los contextos y complejos de nuestra sociedad. En un país en el cual la mayor parte de su historia republicana se ve reducida a la administración de los mismos grupos oligárquicos a través del tiempo, el fenómeno outsider es tan solo una reacción social a los distintos contextos en los que se ignoraron a las grandes poblaciones. El outsider no solo debe convocar y convencer a la población, si no mover voluntades —y de esa forma llegar a los corazones de los hombres.

El outsider muchas veces llega como una suerte de líder mesiánico, antisistema, que rompe con el esquema de los políticos tradicionales. Normalmente así algunos llegan a obtener un protagonismo revolucionario, atemorizar a los sectores conservadores y en algunos casos hasta logran trascender en la forma más sublime a la admiración de los pueblos. En el Perú, sin embargo, a menos que Antauro Humala o Gregorio Santos —ambos presos— lancen una campaña presidencial, un outsider antisistema sería en este momento casi inconcebible.

Los medios sociales podrían determinar a un nuevo outsider, sin necesidad de diferenciarlo en gran medida de los políticos tradicionales. Los medios sociales, en las últimas elecciones españolas han determinado ser el campo de batalla del mañana. El candidato que sepa utilizar las redes sociales y el Internet de manera única, jovial y moderna, no debería sorprenderse al colocarse la banda presidencial —si no pregúnteselo a Obama o Narendra Modi.

¿Quién es el famoso outsider? No se llama Gastón Acurio, pero si es su candidato. La persona se llama Julio Guzmán Cáceres, a quien César Hildebrandt calificó como un outsider del gusto de la derecha. Junto al partido “Todos por el Perú” —partido político que mantuvo su inscripción con el apoyo de Solidaridad Nacional en el 2011. Entre sus garantes, sponsors y aliados al parecer se encuentran personalidades como Gastón Acurio, Juan Sheput, Julio Arbizú, Gustavo Guerra García, entre otros.

Julio Guzmán, de 44 años, ex viceministro de Mypes e Industria y ex secretario de PCM, se lanza como un candidato de derecha que tratando de acomodarse al centro. Un tecnócrata joven de primera clase, con estudios superiores en Georgetown, Oxford, PUCP y hasta un PhD en políticas publicas de la Universidad de Maryland, se presenta como un formidable contendor para los políticos tradicionales —incluyendo a PPK.

Lo escuche hablar. Con un tono suave y ligero, de gran carencia pasional, parece vender la imagen opuesta a la de un gran político y romántico. Definitivamente no es un seductor de la palabra ni un mesmerista de multitudes. Me recuerda a esas clases de cursos generales que muchos hemos llevado en algún momento de nuestras vidas, en donde un joven profesor, nuevo en el mundo de la pedagogía, intenta cautivar a los estudiantes con versos monotemáticos, con poco liderazgo y alma política. Si eso cambia, como parece haberlo hecho gradualmente en su última presentación en el CADE, quizás pueda llegar a sorprendernos.

De ser ése el caso, el outsider rompería con el fenómeno electoral de las campañas de los últimos 14 años —en donde el mal menor se enfrenta al mal mayor. De ser el caso que ese escenario no sea realizado quizás exista esa segunda vuelta en la que donde dos de tres políticos tradicionales considerados como males menores o mayores se enfrenten al otro: Alan, Keiko o PPK.

¿Es necesario ser un tecnócrata, un estudioso o una cara nueva y jovial en la política para ganar elecciones? No. ¿Es necesario proponer ideas nuevas con lógica política, económica y social para conseguir más votos que otros candidatos? Definitivamente no —en el Perú saber bailar puede ser una estrategia más eficiente. Si el nuevo outsider busca tomar ventaja a los políticos tradicionales debe empezar por encontrar nuevas rutas diferenciándose de ellos. Algunas alternativas son a través de las redes sociales y el Internet, transmitiendo ideas y sentimientos nuevos, omitir una campaña que se centre en la intelectualidad política o los ideales ancestrales de una ideología partidaria. En otras palabras, mirar hacia el futuro.




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