Make in Perú, en respuesta a la columna de Karan Javaji

El día de ayer, Karan Javaji, economista hindú, politólogo y columnista internacional para Punto de Encuentro a quien conocí personalmente cuando estudiamos en Rabat y luego en otras instituciones del Mediterráneo, escribió un articulo sobre Make in India. A través del programa Make in India, el gobierno de Narendra Modi busca crear en un preponderante sector secundario en una economía como la India, en la cual predominan el sector primario y terciario. Este proyecto no esta muy lejos de las posibles reformas que el próximo gobierno debería plantearse. A pesar de nuestra distancia geográfica y cultural con la India, la realidad económica-productiva no es tan distante —así como los diferentes factores en los que un programa como este tendría repercusión, no están muy distantes de los que nosotros deberíamos esperar de una reforma como esta.

La teoría económica nos dice que el ciclo de producción depende de la coordinación entre el sector primario (la transformación de recursos naturales en productos primarios), el secundario (basado en la producción a través de la fabricación o manufactura) y el terciario (los servicios). De esa forma es posible crear no solo un ciclo de producción, pero una economía sólida, sostenible e independiente. Sin embargo, a través de la división especializada laboral, la globalización y el libre mercado, negar la interdependencia económica y querer abarcar todos los ámbitos de los ciclos productivos en distintas industrias resulta una falacia anacrónica. Sin embargo, vemos al mismo tiempo como la mayoría de países que sí siguen esta lógica son los que tienden a prosperar económicamente —tales como Noruega, Finlandia, EE.UU., Canadá— y los que fallan tienden a ser los que lo ignoran o no cuentan con las capacidades para hacerlos —predominantemente los países en el África.

En un país como el Perú, abundante en recursos naturales y con inmensas miras hacia la modernidad, sería ilógico negar el sector primario como el terciario. Sin embargo, ampliar el sector productivo genera más oportunidades y por ello mas inclusión. En la India hay castas, eso se refleja en su disonante ciclo productivo. En el Perú, felizmente no, pero la inclusión social de la que tanto se hablo los últimos años, si en algo se ha convertido es en exclusión.

En muchos casos, en el sector terciario se requieren de empleos especializados. En el Perú solo el 4.07% de los jóvenes entre 18 y 24 años tiene una educación superior universitaria completa y el 63.19% de esos de jóvenes no ha recibido ningún tipo de educación superior (Fuente: ENAHO 2014) por lo que generar una dependencia de dicho sector puede resultar complicado. Del mismo modo, crear dependencia del sector primario en donde muchos empleos que proporcionan a los peruanos —sobre todo en el sector agrícola y minero— representan sueldos bajos y un atraso hacia la modernidad. Un cambio hacia la inversión en el sector secundario resulta una ruta viable hacia la formalidad económica, que a su vez abre las puertas al sector laboral a formar parte de una fuerza económica con incentivos mayores a los que la mano de obra en la industria agrícola o minera puedan brindar. En vez de plantear metas que ahuyentan a los jóvenes de la formalidad —como lo es la ley pulpín— deberíamos considerar otras opciones realmente viables que promueven el desarrollo a través de la creación de empleo orientada a la formalidad, por ende brindando crédito, derechos de propiedad y muchos otros beneficios a los trabajadores por medio de un programa similar a Make in India. En el Perú, el sector secundario tiene un potencial inmenso para lograr estos objetivos en un terreno aún desolado y fértil para hacerlo.

Para los que creen que los recursos naturales a través del sector primario forman la fuerza económica más grande del país —como los mineros— ignoran que existen valores mucho más grandes por explotar. Una de las industrias más rentables en Israel —si no la más rentable junto a la tecnológica— es la de los diamantes. La piedra es comprada por un valor casi insignificante en países que dependen primordialmente del sector primario como el Congo; luego la pulen en Israel a través del sector secundario añadiéndole un inmenso valor agregado; por último los grandes vendedores de las joyerías de la quinta avenida en Manhattan la venden por millones de dólares a través del sector terciario. ¿Acaso es un deber reconsiderar y aprender a pulir y vender nuestras piedras antes de regalarlas al resto del mundo?




Miercoles 01 de Abril de 2015

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