Verónika Fanny Mendoza Frisch: entre lo regio y absurdo

Tengo que confesar que Verónika Mendoza me cae bien. Es linda, físicamente y parece serlo como persona. Me encanta que su nombre lleve la letra K (como PPK o Keiko) y que frente a los demás especimenes que tenemos como padres de la patria en el país más inclusivo del mundo (el único tan democrático como para llevar chimpancés, chanchos y ratas al congreso) sea una de los pocos sapientes. Quizás lo que más me gusta son sus videitos en el que la escenografía parece ser sacada de una de esas pelas peruchas como La Teta Asustada; de las que tienden a ganar más corazones fuera que dentro del Perú.

La verdad es que es irrelevante hablar de Verónika Mendoza —no se porque lo hago y sobre todo ahora. Al peruano no le interesa, ni a las encuestadoras. Recuerdo haber leído en La Mula que Verónika Mendoza “arrasaba” las redes sociales con su supuesta candidatura. Vi como después de casi las 24 horas raspaba con un poco más de mil likes en Facebook. Quizás se debe a que ese fallido arrasamientofue opacado por algún post gastronopatriota de Gastón Acurio, alguna foto de la Tilsa emberazada o algún ataque de ansiedad, por no decir pastrulada, del congresista Euguren en Twitter —en donde cualquiera de esas reventaría el post de la lidereza de Sembrar.

Escuche por ahí diferentes aclamaciones, extravagancias y lúdicas anunciaturas. No faltaba la tía caviarucha que diga: ay pero una chica tan raaagia con estudios en Francia también necesita una oportunidad. La misma que luego de explicarle que Vero es de izquierda respondería: Ajjj… ¿es una facha? Será para que convierta el Club el Golf en parque publico, ¡que asco! El amigo caviarsito de la católica que después de un par de porros trata de convencerte de que no sólo son sus estudios en Francia pero su participación en conflictos antimineros, además de su flamante juventud, lo que aparentemente la capacita para ser la próxima presidenta. Creo hablar por todos los peruanos cuando digo que lo que menos queremos 30 años después es gozar de otro presidente que como candidato no llegue a los minimos 35 años para postular y con aires mesiánicos quiera hacer una gran transformación de izquierda —sobre todo para los que gozaron al primer Alan. Por último, esta Diego Trelles, a quien se le ocurrió llamarla el “tsunami de la esperanza”.

Lo más preocupante, no es elegir a lo que Aldo Mariategui llamó “una chiquilla extremista que no ha gestionado ni un chifa, que ni tiene muchas horas de vuelo político ni equipo está ya lista para tomar las riendas de este complicado país”. Lo preocupante es que la izquierda nos toree una vez más con un candidato que no pierde el tiempo en satanizar a Fujimori como dictador pero cuando se le pregunta sobre Venezuela no quiere dar la cara, defendiendo lo indefendible. Ya estamos grandecitos para esto y no queremos ver a un Jorge Millones de Primer Caballero comprando ropa en Miami con dinero Venezolano.

Sabes chochera, si quieres votar por una psicóloga con maestría en sociales y educación de español “como segunda lengua” y una política de extrema izquierda (y cito al infaltable wiki como fuente), entonces vota por Verónika Mendoza. Pero, si quieres que en una democracia tan frágil y adolescente como la nuestra, exista el debate ideológico, partidos consolidados y balance de poderes, recapacita, la izquierda no esta haciendo un buen trabajo. ¿O es que no les quedan otros políticos como único “tsunami de esperanza” para el 2016?

Pero antes de que te plantees esta pregunta, te dejo con una frase celebre e incluso iluminista de Fernando Ruiz de La Mula sobre Verónika Mendoza que te hará recapacitar: “Cada vez que recoge su melena y la enrosca con las manos para ponerla sobre su hombro hace una pausa mental; quizá este acto reflejo sea para tomar aliento y esforzarse en llegar a una simbiosis entre una reflexión compleja y el lenguaje diáfano que utiliza. Y se me ocurre que Verónika Mendoza trenza también en esa larga melena la cosmogonía quechua y el racionalismo francés”. 

 




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