Derechos del consumidor cultural

Con el despegue  que vive nuestro país en diversos aspectos, cada día va creciendo el consumo cultural. Basta ir a un teatro, un concierto o una exposición para entender que realmente existe una gran producción artística acompañada de un público ávido de consumir. Entonces si hablamos de consumidores culturales, debemos de entender que también tenemos derechos frente al producto que se nos presenta. Es decir, por apoyar las industrias culturales no podemos taparnos los ojos y aceptar todo aquello que se nos ofrece sin filtro alguno.

La cultura es todo lo creado por el hombre. Pero cada uno de nosotros tiene preferencias culturales y cuando se trata de nuestros hijos, decidimos, sin quererlo una política cultural familiar. Es por eso que algunos padres optan por los cuentacuentos y teatros, unos por el folclor y otros por las actividades vinculadas al rock, por ejemplo.

El consumidor cultural tiene derechos y hay que hacerlos respetar. Por ejemplo existe mucha oferta de teatro infantil, sin embargo es decepcionante cuando en plena función los personajes utilizan un doble sentido para congraciarse con los padres. Eso no lo debemos  permitir. Para ello es importante estar informados de antemano. Para luego poder exigir la devolución de nuestro dinero si el producto ofrecido no se rige a lo ofrecido

Como tampoco podemos permitir que dentro de un espectáculo artístico exista una publicidad subliminal repetitiva, porque la empresa auspiciadora le exige al artista este comportamiento para brindar el auspicio. Menos aceptable es en el caso de los niños y jóvenes y lamentablemente está sucediendo que dentro de la historia se conmina al público infantil  a consumir determinados productos que en muchos casos se venden al final de la función.

Y vamos un poco más allá. Si una persona elige un espectáculo, se informa sobre lo que verá, sabe de antemano como se desarrollará el evento, no es correcto ni ético utilizar la cultura como instrumento ideológico ni político. La cultura debe de estar por encima de estos intereses. Entonces, si es nuestro derecho exigir que no se nos manipule a través del arte.

La actividad artística y sus protagonistas justamente ejercen el arte por su libertad. Libertad que incluso permite diversas interpretaciones y decodificaciones que sobre pasan en muchos casos la propuesta del creador. Entonces utilizar la cultura para transformar pensamientos, para conseguir votantes o meter ideología a una comunidad no es ético ni debemos  consentirlo.

Es difícil. Estamos es una etapa de transición de consumo de cultura. Aun no estamos en la cúspide de la producción cultural. Por eso es momento de darnos cuenta que también debemos tener sentido crítico con las propuestas que se nos ofrecen en el mercado, porque muchas veces la manipulación no viene del artista (casi nunca es así), más bien puede provenir de las organizaciones que están detrás de algún evento o que contratan para determinada actividad a un artista, y no debemos  ser tontos útiles ni el creador ni el consumidor.

Si consumimos cultura defendamos nuestros derechos de consumidores. A nuevos tiempos, nuevas propuestas y nuevos conceptos.




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