¿Y por qué yo no puedo ser presidente?

 

Técnicamente hablando, cualquiera de las personas que lean el presente artículo, si cumplen con los requisitos legales, tienen la posibilidad de ser candidatos a la Presidencia del país o al Parlamento, a una Gobernación regional o a una alcaldía. Vivimos en Democracia y nuestra carta política consagra el inalienable derecho de elegir y ser elegido para todo cargo de elección popular. 

Si bien todos pueden candidatear, no es menos cierto que solo un reducido porcentaje tiene realmente aptitudes y condiciones para ocupar un cargo público. No bastan las buenas intenciones, pues las consecuencias que un improvisado asuma un cargo público son tan notorias como nefastas y las apariciones de outsiders cuyo origen y fuente de financiamiento se desconocen transitan por la misma vía.

Veamos, la candidatura a la Presidencia de la República, por ejemplo, debería ser el broche para una carrera política cimentada con el paso de los años, iniciada en una pretérita postulación a una alcaldía o regiduría municipal, para luego dar paso a algún cargo de elección a nivel provincial, luego en el nivel regional, para llegar finalmente a una antesala que bien podría ser a nivel parlamentario.

Una ruta alterna, valedera como la anterior e incluso compatible con esta, sería una postulación luego de una prolongada experiencia en el Poder Ejecutivo, de modo tal que quien postule por ejemplo a la Presidencia de la República, debería lucir en su historial el haber estado a cargo de una o varias instituciones públicas o haber sido titular de una cartera ministerial. Un buen desempeño en la administración pública, constituye una sólida carta de presentación a quien muestre sus aspiraciones de lucir la banda presidencial. Otros criterios igualmente válidos para avalar una candidatura serían una gran trayectoria profesional, académica, gremial o social.

No faltarán opiniones que juzguen el criterio expuesto como un pensamiento elitista. Quizás resulte utópico pensar en llevar estos criterios a la categoría de requisitos legales para una postulación, sin embargo no por ello debemos renunciar a la necesidad de establecer criterios objetivos en la selección de candidatos, pues la improvisación es moneda corriente. En este sentido, todo sistema debe establecer mecanismos que limiten la peligrosa aparición de outsiders que gracias a un fuerte financiamiento, irrumpen de un momento a otro en la política beneficiados, entre otras razones por: i) Un permisivo marco normativo, ii) La inexistencia de procesos democráticos internos y iii) A una crisis partidista que se pone de manifiesto en cada elección y que se resume en la existencia de partidos sin candidatos y de candidatos sin partido, doble cara de una moneda que debe salir de circulación.

La aparición de outsiders, la compra de candidaturas por partidos vientres de alquiler, solo socaban las bases de nuestro precario sistema de partidos, por ello, independientemente del criterio que adopten los militantes de un partido político para elegir a un candidato, normativamente deben fijarse condiciones mínimas para una postulación, la cuales deben ir más allá de cuestiones tan superficiales como la edad del candidato o el lugar de su  nacimiento y, en este sentido, un elemento esencial que debe tomarse en cuenta y que lamentablemente ha estado ausente del debate sobre la reforma electoral, es la militancia partidaria.

¿Queremos evitar improvisados en política? ¿Queremos evitar el tráfico de candidaturas? ¿Queremos evitar el transfuguismo pre electoral? ¿Queremos evitar la fábrica de renuncias antes de un proceso? y, principalmente, ¿Queremos evitar partidos vientres de alquiler? Sencillo. Reglamentemos que solo podrán postular como cabezas de lista, aquellos ciudadanos que durante un tiempo legalmente establecido con la correspondiente inscripción ante el JNE, acreditan pertenecer a la organización política por la que postulan. Una persona que desea intervenir en política y guiar los destinos de una nación, región, provincia o distrito, no puede aparecer de la noche a la mañana y debe acreditar vida partidaria.

La mesa para la discusión está servida. Provecho.   

 




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