LA INSOPORTABLE LEVEDAD DE LOS PLANES DE GOBIERNO

 

Con vistas a las Elecciones Generales del año 2006, el Jurado Nacional de Elecciones tomó la iniciativa de convocar a todos los candidatos presidenciales de aquel entonces y reunirlos en torno a un Pacto Ético Electoral que giraba sobre algunas aristas muy puntuales, entre ellas, fomentar una campaña electoral limpia articulada sobre la base de ideas y no de ataques, y que dichas ideas se plasmen en un documento denominado Plan de Gobierno, procurando que sobre la base de su difusión y estudio, los electores emitiríamos un voto más reflexivo y menos politizado.

Esta feliz iniciativa, dotada de un alto componente de buenas intenciones más que de posibilidades reales y concretas de transformar el perfil del elector peruano, fue incorporada a nuestro sistema legal, de modo tal que aquello que fue voluntario en el año 2006, ya era obligatorio en las Elecciones del 2011 y en las recientes del año 2016.

Lamentablemente esta buena práctica no ha cumplido con sus objetivos. La mayoría de electores se pusieron indiferentemente de perfil frente a éstos y los actores políticos consideraron a los planes de gobierno como un requisito de postulación más y no como una herramienta sobre la cual pueda inclinarse la intención del voto ciudadano.

En tal sentido, los planes de gobiernos llegaron quizás a su mínima expresión cuando en plena campaña del 2011, el entonces candidato Ollanta Humala denostó el plan que presentara para girar hacia una “hoja de ruta”. El argumento, tan sencillo como carente de sustento, deslizaba que una cosa era “prometer” en primera vuelta y otra muy distinta en segunda.

En las últimas elecciones, el nivel de descredito de los planes de gobierno llegó a niveles realmente bajos cuando se descubrió que algunos de éstos eran meros plagios. Más allá que algunos partidos se comieron las comillas y no citaron sus fuentes, los planes de gobierno se convirtieron en un arma nociva para los candidatos. Por un lado no les aportaban ningún rédito electoral, pero cualquier error en su contenido sí generaba la posibilidad de pérdida de votos, pues los demás candidatos y los medios se encargaban de maximizarlos.

Pero no solo eso, en la misma campaña del 2016 un candidato dijo en una entrevista que le preocupaba que la Unidad de Inteligencia Financiera pasase a la Presidencia del Consejo de Ministros cuando sorprendentemente su propio plan de gobierno lo proponía, entre una larga serie de dichos y desdichos. Sí tenemos allí la evidencia que los candidatos no conocen su plan de gobierno, ¿Qué podemos esperar de éstos?.

Consideramos que las propuestas electorales son eso, promesas y las promesas se deben cumplir, pues tienen implícito un contenido ético, pero recordemos que la ética es auto impositiva y no puede aplicarse por  decreto ni mandato judicial.

El último capítulo de la historia recién acaba de escribirse cuando desde la parcela congresal se ha lanzado la propuesta de vacar al Presidente (del 2021, no al actual) en caso incumpla su plan de gobierno. Al margen de la evidente poca practicidad de la medida y que no abona en absoluto para la consolidación de la democracia, crea por el contrario un ambiente de inseguridad. Además, la propuesta no profundiza sobre quién y cómo se califica el incumplimiento, tampoco bajo qué criterios objetivos se configuraría el supuesto y principalmente, la propuesta no puede despercudirse del fuerte tufo a tinte político que sin duda la viciaría.

Opinamos que la reforma electoral que se plantea desde el Congreso debe alejarse de temas que crearán inestabilidad y debe orientarse hacia temas medulares que fortalezcan nuestra democracia, nuestro precario sistema de partidos, la formación de cuadros partidistas, la consolidación de la democracia interna, que fomente la alternancia de las dirigencias partidarias, el reconocimiento de las minorías o incluso pasar a la vereda de la reforma constitucional y discutir acera de la bicameralidad, la eliminación del voto preferencial, la obligatoriedad del voto, los sistemas de representación, etc.

El debate está abierto. 

 




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Sabado 29 de Abril de 2017

 

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