Puentes que sí deben desplomarse

La mayoría de definiciones que podemos encontrar sobre los partidos políticos, nos refieren que éstos nacen como asociaciones indispensables para el desarrollo político de un estado democrático pues coadyuvan a la organización y el ejercicio de la política por parte de los grupos sociales a quienes representan. Nacen además con un fin bastante claro: Obtener, por medios democráticos, el poder político.

De ello convengo en rescatar dos aspectos medulares entre los muchos que son inherentes a estetipo de organización y que al tratarse de partidos políticos adquieren la categoría de condiciones necesarias para su existencia: a) La representación social y b) la participación activa en la vida democrática del país. No se puede concebir a un partido político al margen de estas dos condiciones, es decir, que no represente a nadie y que además se mantenga al margen de la vida política.

La primera condición se expresa de muchas maneras como la libre afiliación ciudadana a los partidos, la cual puede sustentarse en razones ideológicas o programáticas, además se acredita con el ejercicio de la democracia interna en su interior, la participación de los afiliados en la confección de planes de gobierno así como en la conformación de listas de candidatos; la segunda, se logra únicamente participando en los procesos electorales que se convocan.

Sin embargo, vemos que ninguno de estos aspectos se cumple en realidad, pues de un tiempo a esta parte, la atención general se ha focalizado con marcado y especial énfasis los partidos, describiéndolos como organizaciones caracterizadas por su alto nivel de informalidad, la misma que puede explicarse en una notoria desorganización interna, profunda pérdida de liderazgo social, ausencia de programas, transfuguismo y su ausencia en procesos electorales, etc.

Buscando las raíces de ello, encontramos que lo dicho pareciera ser solo la punta del iceberg, pues éstas características subyacen a necesidades pocas veces comentadas, nos referimos a la evidente realidadque desde hace algunos años desnudan a nuestros partidos políticos, quienes lejos de canalizar el sentir popular y la representación popular como sus estandartes, han adoptado como única bandera la supervivencia, lo cual ciertamente los desnaturaliza.

Es así que en nombre de la supervivencia muchas veces la falta de medios acaba siendo la justificante del fin, y en tal sentido, las organizaciones partidistas han convenido en establecer ejes de articulación política estructurados únicamente bajo un tinte populista que persigue un fin meramente electoral, lo que les obliga a aglutinar en su seno diversas facciones sociales, muchas veces antagónicas entre sí, las cuales antes que sumar restan y luego dividen, desploman. Un claro ejemplo de esto último nos los brindó labancada congresal del Frente Amplio.

Y es que la vorágine electoral lo arrasa todo. Todos los partidos intentan convenidamente representar a todos los sectores (informales, policías, maestros, mineros etc.) y al hacerlo terminan por no representar a nadie más que a ellos mismos.Esperemos que las próximas elecciones sub nacionales el elector sepa distinguir y sancionar con su falta de apoyo a quienes en aras de la representación social tienden puentes que debemos cruzar pues no hacen más que dañar la gobernabilidad de una circunscripción.

 

 




Lunes 04 de Setiembre de 2017

Ahora que nuestra ciudad se ve – prematuramente – invadida de carteles de candidatos con vistas a las Elecciones Regionales...

Lunes 18 de Setiembre de 2017

La actual gestión parlamentaria inició el primer año del actual quinquenio con bastantes brillos en lo que...