LA INSEGURIDAD

Si hablamos de seguridad hoy, la certeza es que nadie está libre de sufrir un encontronazo con la delincuencia y, créalo, la policía casi siempre, estará después.

De hecho, el contexto seguirá este "guión"; en tanto los blancos (todos) y responsables (gobierno, empresa y sociedad) no se pongan de acuerdo en una respuesta total.

La respuesta total, es una ecuación de dos variables, sine qua non: la vigilancia dedicada y sostenida y las medidas efectivas, razonables y sin excepciones.

Lamentablemente, los "esfuerzos" a cargo del gobierno, son bastante relativos y reflejan laxitud y falta de iniciativa frente a la delincuencia "recursiva". Pudieran ser mejores, pero la falta de inteligencia (focal, de zona y área), el uso debido de los recursos y actitud los bloquea. No llegan a disuadir, menos doblegar la ubicuidad de los marginales. Tampoco el empresariado encerrado en sus "islas" y la sociedad mínimamente organizada contribuyen decisiva y fuertemente a resolver el problema.

Veamos algunas aristas no resueltas y que animan a los facinerosos:

La existencia de los mercados negros, donde la mayoría de las cosas son robadas o falseadas (cachinas, san jacintos, tacora, azángaros), son una inconsistencia fatal.

Ciudadanos irresponsables que compran "lo robado". Falta una potente educación preventiva y de las buenas prácticas (los alcaldes no hacen nada al respecto).

Los marginales que pululan en calles, plazas y barrios, a la vista de todos. Son conocidos, y recurrentes. La policía no puede limitarse a esperar la flagrancia y la gente "tolerarlos".

Se requiere una acción orientada a penalizar la "flagrancia por recurrencia (nueva figura legal a legislarse). La PNP y serenos deben ser más reactivos, fichando y documentando.

Aún no se reglamenta la "sanción cívica" para faltas menores y que debería estar a cargo de los municipios.

El patrullaje de la policía, laxo y ambiguo, debería pasar a ser supervisado por un "observatorio vecinal" en busca de mayor eficiencia y estandarización.

Es imperativo involucrar vigorosamente a los vecinos organizados, a través de rondas urbanas, denuncia, alerta temprana, ayuda mutua y observatorios.

Los ninis (jóvenes que ni estudian ni trabajan), a expensas de las tentaciones (pandillaje, barras bravas y sicarios), se les debe dar ocupabilidad. De pronto, toda la infraestructura deportiva del Estado debe ser de uso gratuito y masivo.

Los hogares y familias disfuncionales deben recibir asesoría y monitoreo permanente.

Las cárceles hacinadas, deben rediseñarse orientadas a que el condenado trabaje dentro un marco de disciplina y rehabilitación efectiva.

Mientras subsistan estas y otras debilidades, no hay forma de vencer a la delincuencia. Aunque hay experiencias como Singapur, Colombia, Holanda, etc. que han demostrado que con estrategia, eficiencia, orden y rigor es posible hacerlo.

Si hablamos de seguridad hoy, la certeza es que nadie está libre de sufrir un encontronazo con la delincuencia y, créalo, la policía casi siempre, estará después.

 

De hecho, el contexto seguirá este “guión”; en tanto los blancos (todos) y responsables (gobierno, empresa y sociedad) no se pongan de acuerdo en una respuesta total.

 

La respuesta total, es una ecuación de dos variables, sine qua non: la vigilancia dedicada y sostenida y las medidas efectivas, razonables y sin excepciones.

 

Lamentablemente, los “esfuerzos” a cargo del gobierno, son bastante relativos y reflejan laxitud y falta de iniciativa frente a la delincuencia “recursiva”. Pudieran ser mejores, pero la falta de inteligencia (focal, de zona y área), el uso debido de los recursos y actitud los bloquea.  No llegan a disuadir, menos doblegar la ubicuidad  de los marginales. Tampoco el empresariado encerrado en sus “islas” y la sociedad mínimamente organizada contribuyen decisiva y fuertemente a resolver el problema.

 

Veamos algunas aristas no resueltas y que animan a los facinerosos:

 

La existencia de los mercados negros, donde la mayoría de las cosas son robadas o falseadas (cachinas, san jacintos, tacora, azángaros), son una inconsistencia fatal.

 

Ciudadanos irresponsables que compran “lo robado”.  Falta una potente educación preventiva y de las buenas prácticas (los alcaldes no hacen nada al respecto).

 

Los marginales que pululan en calles, plazas y barrios, a la vista de todos. Son conocidos, y recurrentes. La policía no puede limitarse a esperar la flagrancia y la gente  “tolerarlos”. 

 

Se requiere una acción orientada a penalizar la “flagrancia por recurrencia (nueva figura legal a legislarse).  La PNP y serenos deben ser más reactivos, fichando y documentando.

 

Aún no se reglamenta la “sanción cívica” para faltas menores y que debería estar a cargo de los municipios.

 

El patrullaje de la  policía, laxo y ambiguo,  debería pasar a ser supervisado por un “observatorio vecinal” en busca de mayor eficiencia y estandarización.

 

Es imperativo involucrar vigorosamente a los vecinos organizados, a través de rondas urbanas, denuncia, alerta temprana, ayuda mutua y observatorios.

 

Los ninis (jóvenes que ni estudian ni trabajan), a expensas de las tentaciones (pandillaje, barras bravas y sicarios), se les debe  dar ocupabilidad.  De pronto, toda  la infraestructura deportiva del Estado debe ser de uso gratuito y masivo.

 

Los hogares y familias disfuncionales deben recibir asesoría y monitoreo permanente.

 

Las cárceles hacinadas, deben rediseñarse orientadas a que el condenado trabaje dentro un marco de disciplina y rehabilitación efectiva. 

 

Mientras  subsistan estas y otras debilidades,  no hay forma de vencer a la delincuencia.  Aunque hay experiencias como Singapur, Colombia, Holanda, etc. que han demostrado que con  estrategia, eficiencia, orden y rigor es posible hacerlo.




Sabado 17 de Junio de 2017

En unos días el Ministro del  Interior, será interpelado y, a nuestro juicio, censurado.  Hay varias razones para que ello...