¿Existe la famosa y mal llamada Reforma del Transporte? – Parte II

El tema del transporte público en la ciudad capital fue uno de los más sonados junto al de la seguridad ciudadana en la campaña municipal pasada, en la cual hubo críticas de todos lados hacia la ex alcaldesa, Susana Villarán, por implementar una “mal llamada reforma del transporte” como mencioné en un artículo pasado. La esperanza de ver una Lima de primer mundo sigue siendo al parecer un tema lejano, ya que la actual gestión no parece tener las ganas de implementar una verdadera reforma del transporte; sino, por el contrario parece continuar con improvisaciones que no van de la mano con aquel plan de gobierno presentado por el entonces candidato Castañeda.

Los limeños necesitamos un transporte que vaya de acuerdo a las necesidades de los ciudadanos y que solucione los principales problemas identificados durante mi participación en el equipo de plan de gobierno de Salvador Heresi: congestionamiento del tránsito, elevado número de accidentes de tránsito, limitaciones a la movilidad y contaminación del ambiente. El primer punto de congestionamiento del tránsito tiene como causa principal el aumento del parque automotor, que desde un punto de vista individual resulta beneficioso para uno; sin embargo, desde un punto de vista colectivo complica más el tránsito en la ciudad. No obstante, es entendible que los ciudadanos recurramos a esta solución debido a que a lo largo de décadas, el transporte público en nuestro país ha sido deficiente. Muchos quisiéramos que este sea el medio ideal para todos los ciudadanos como lo es en ciudades de primer mundo, pero la realidad actual no lo permite. La pregunta es la actual gestión ¿Qué solución da a estos problemas?

Por ello, pusimos a disposición de la actual gestión nuestro plan de gobierno que incluía soluciones concretas a uno de los principales problemas de la ciudad, soluciones en el corto plazo como las vías de tránsito rápido en por lo menos veinte vías principales en las cuales contemos con semáforos sincronizados, para ello es necesario un control a nivel de Lima, con sensores, capaz de administrar el tráfico en todas las vías. Asimismo, la construcción de doce puentes de integración que puedan unir las cuencas de los ríos Rímac, Chillón y Lurín solucionando problemas de congestionamiento en la Av. Abancay, Puente Santa Rosa, Puente del Ejército, entre otros. Adicional a esto, tomar medidas de emergencia en zonas de congestionamiento crítico como el Óvalo de Santa Anita, la parte baja de Puente Nuevo, entre otras por ejemplo; instalando semáforos de ser necesario, corregir el diseño vial, ampliar carriles de giros, pavimentación, construcción de veredas, mejor iluminación; es decir una reestructuración de estas zonas.

Las propuestas fueron muchas y bien fundamentadas, las cuales no continuaré escribiendo al detalle, pero están a disposición de la actual gestión. La pregunta es ¿Dónde está la reforma del transporte? Necesitamos soluciones tanto en el corto plazo como en el largo plazo y que estas últimas puedan ir integradas a los planes del Ministerio de Transportes y Comunicaciones (MTC). La pelota está en la cancha de la Municipalidad de Lima, pero ojo, no olvidemos que el Estado en cualquiera de los niveles no cumple un rol paternal de darnos soluciones a todos nuestros problemas; es nuestro deber como ciudadanos también el contribuir al mejoramiento de la ciudad, en especial los jóvenes: porque la Lima que conocen hoy es la Lima que forjaron nuestros padres; La Lima del mañana será la que habremos dejado para nuestros hijos y ese es nuestro reto frente a toda adversidad que exista.




Miercoles 25 de Marzo de 2015

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