Democracia sin promesa

España se juega su futuro político y económico al no tener un presidente investido. Y al parecer, tener que volver a llamar a terceras elecciones el próximo 25 de diciembre. Qué está pasando: los izquierdistas no apoyarían “el cambio que quieren realizar”. La respuesta es simple, la solución no.

Desde la Segunda Guerra Mundial, ningún país de Europa estuvo al borde del colapso político como lo está España en estos momentos. Y todos deberían saber que para recuperar lo mejor de la historia de un país comienza por qué las próximas autoridades sean legítimas.

Y es Pedro Sánchez, líder del Partido Socialista Obrero Español PSOE, quien está poniendo la traba más grande a Mariano Rajoy, líder del Partido Popular PP, quien busca su segundo mandato. A tal punto de terquedad llegó que advirtió que mantendría su negativa hasta el final: “No es no”, sentenció.

Para contextualizar en España el Presidente es elegido por los 350 diputados del Congreso, después de un plazo de 15 días de la juramentación. Durante ese periodo el Rey inicia las consultas respectivas con los representantes de los partidos para investir al candidato. A quien presenta ante el Presidente del Congreso, y tras una votación, que debe ganar con 176 votos. Es elegido el Presidente. El problema en estos momentos es que no hay consenso entre los partidos, por lo que Mariano Rajoy sigue presionando a los líderes para un respaldo.

El 20 de diciembre del año pasado se celebraron las primeras elecciones generales y, al no haber un presidente a quien investir el Rey disolvió las cortes y los españoles volvieron a las urnas el 26 de junio pasado. Congelando así todo avance político, económico y social.

Según las últimas encuestas el pesimismo de los españoles va en aumento, tanto que un 45.9% cree que es muy probable que se repitan las elecciones.  Los diputados llaman a la “cordura” de Pedro Sánchez. Mariano Rajoy pide que se actúe con “sentido común” y que “esto ya no aguanta más”, y “estar sin Gobierno es una situación absurda”.

El dos de setiembre el candidato del PP debe ir al Palacio de las Cortes para ser investido, si la reunión es positiva se iría a la Cumbre del G-20 y juraría su cargo a la vuelta. Si sale derrotado, la política se vendría abajo, porque no se podrían aprobar los Presupuestos Generales del Estado para el 2017 y quedaría en el Rey disolver las Cortes y llamar a nuevas elecciones.

Se tiene que limpiar la casa, porque hay algo más que los une. Esto no es un plan ni una conspiración, es crear un consenso y llamar a la formar un Gobierno, y ser una oposición responsable que debata y fiscalice. Pero estancarse por caprichos no es la solución.




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